Hablando de fe (III)

Los valencianos aún seguimos con el recuerdo de nuestras fiestas de Fallas y los castellonenses están inmersos en su Magdalena… ¿Qué sucede hoy, qué recordamos los valencianos, castellonenses y todo católico? Se puede decir que la fiesta de hoy engloba dos en una. ¡Otra vez aparece el marketing de por medio! Y es que en la Anunciación, el Arcángel Gabriel anuncia a la Virgen María que va a dar a luz al Hijo de Dios y que de su Sí naceríamos nosotros. Y, su vez, en este anuncio se da la Encarnación… ¡Dios se hizo hombre, uno como nosotros!

Ayer por la tarde fui a Misa como acostumbro. Al ver al sacerdote recubierto de blanco me extrañó, ya que en Cuaresma viste de morado. Y pensé qué fiesta de la Virgen o qué santo u obispo celebrábamos. ¡Qué olvido! ¿Veis? Aun con el recuerdo de las Fallas… Me vi atrapada en esa fiesta, fuera de juego, nada preparada. Además, llegaba agitada del día. Toda la tarde con una preocupación en la cabeza y en el corazón. Pues, allí es donde debía estar en ese momento concreto, no fue casualidad caprichosa de la vida. Allí donde hay una madre, se encuentra paz, cariño, acogida, serenidad, amor… Apenas fueron treinta minutos, pero todo aquéllo dio cabida en mí. Reemprendí la marcha con otro semblante, con espíritu renovado y con ganas de vivir las circunstancias que seguían.

Recuerdo las primeras palabras que dijo el sacerdote al comenzar la homilía: Alégrate, el Señor está contigo. Si os soy sincera, ¡creí que me las decía a mí! Tal era la necesidad de serenidad, de compañía, de calma en mi interior… Así actúa Dios, a través de lo humano, para hacerse cercano a nosotros, para llegar a cada uno en sus necesidades más profundas, en sus dudas, en sus sufrimientos. Y no lo hace sólo a través de otras personas semejantes a nosotros, sino también, escogió a María: toda pura. En quien no hay doblez, mentira, doble vida, pecado. Con Ella hemos ganado una madre más, un puerto seguro, una luz transparente, una compañía agradable. ¿Por qué vamos a estar tristes, por qué nos vamos a dejar llevar por los vaivenes de la vida, por qué olvidarnos de lo más importante? Alégrate, el Señor está contigo. ¡No es que tú estés con Él, sino que Él quiere estar y está contigo! Y encima, nos da a una Madre maravillosa para facilitarnos el llegar a Él.

Y es que… Mirad el rostro que acompaña estas pobres palabras. ¿Qué veis? O mejor, ¿a quién veis? Y, ¿qué os suscita? Estuve un rato mirando fotografías de la Virgen María, buscaba una cercana, que no saliera toda Ella sino un detalle. ¡Y ésta cautivó mi mirada! Transmite quién es María, cómo vivió María, y qué papel tiene María en nuestra vida. Quién, es una niña llena de gracia, es decir, llena de Dios. En ella no hay pecado, su alma no está manchada; de ella sólo puede salir el Bien. Cómo, en espera, acogiendo la Voluntad de Dios en su corazón. Lo hizo escuchando, con serenidad, sin prisas y queriendo poner por obra aquéllo que le dijo el Arcángel. Qué, María ha venido a transmitirnos el Amor de Dios por sus hijos a través de su ternura, de su cercanía, de su corazón magnánimo. Sólo viendo su rostro, ¿quién puede sentir temor ya? Es increíble cómo serena un corazón agitado el rezo, tranquilo y piadoso, del Rosario. ¡No es magia, es real!

Debemos tanto a María… Nadie la obligó. Simplemente, ella acogió esas palabras, confió y se lanzó libremente a vivir su vocación. ¿Quién como ella? Quienes nos acojamos a su mano para poder caminar en esta vida. Pensar que Dios pensó en ella, una niña inocente, de pueblo… ¡Y qué valiente! Sin ver, vio. Sin saber, supo. Todo en un sí. Más bien en hágase en mí según tu voluntad. ¿Por qué creéis que los católicos rezamos el Ángelus al mediodía? ¡Para que esas mismas palabras sean una realidad en nuestras vidas! Pensar en un catolicismo sin María es no tener nada. Estaríamos huérfanos, es más, nunca hubiéramos nacido. ¡Qué importante es vivir nuestra vocación! Aquello a lo que somos llamamos. Y María nos enseñó el camino: vivir desde la escucha preparando nuestro interior en silencio, buscando momentos donde estemos sólo Él y nosotros. Además de confiar en esas personas que Él nos ha dado para caminar sobre seguro, para facilitarnos los pasos en una determinada dirección.

De su , ¡conocemos a Dios! ¡Le tenemos en nuestras vidas! ¡E incluso en nuestro interior! De un pequeño nació una gran fecundación de amor. Del de María conocimos cómo vivir, por qué vivir y para qué vivir. Del de María podemos decir nosotros.  De que tú y yo nos portemos como Dios quiere -no lo olvides-dependen muchas cosas grandes. Ese como Dios quiere, no es más que tú y yo digamos sí, sin miedo.

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