Hablando de fe (II)

 

La fiesta que celebramos hoy los católicos siempre me ha parecido un tanto extraña porque el nombre no me ha ayudado a entenderla bien del todo: La presentación del Señor. Pensaba, si se presenta a Jesús al Señor siendo Él mismo el Señor, hay algo aquí que no cuadra. Y es eso, Jesús, siendo Dios, decide hacerse hombre y cumplir con la ley. ¿Qué necesidad tendría? Y hoy sigo preguntándomelo, más que nada, asombrándome y agradeciendo que haya querido hacerse humano como yo. Pasando exactamente por todo lo que yo sufro, lo que me tienta y el sacrificio que me supone trabajar o estudiar.

Esta mañana leía el comentario al Evangelio de hoy y me ha evidenciado y confirmado que ese Niño se presenta como signo de contradicción para muchos, aunque más justo sería decir que para todos. Y me incluyo porque en mi historia personal lo es y lo ha sido. ¿A quién no le ha supuesto un punto de inflexión que ese Niño se presentase en su vida? Y no hablo de una presentación al uso de hola, soy Fulanito, encantado, no, hablo de una presentación de conocerse de tú a tú, no sólo por encima, sino viendo las profundidades del corazón del otro. Así ha sido mi encuentro con este Niño. Se presentó en mi camino con la verdad de mi vida. Ese comentario recordaba que ese Niño venía a transformar nuestra vida, a convertirla en una vida nueva. Y es cierto, ocurre así cuando de verdad dejas que ese Niño te mire y alumbre con su verdad tu persona, tu vida, tu pasado, presente y futuro.

Signo de contradicción. ¿Qué supuso? Cambiar completamente el planteamiento, las bases, la dirección y las verdades que regían mi vida. Cambiarlas por una mirada nueva, por una vivencia auténtica, por desenmascarar esas verdades que en realidad eran mentiras, y sacar todo lo que estaba estropeado para verlo con una Luz nueva, una Luz que hasta entonces no había encontrado en mi familia, en mis amigos, en la escuela, en la universidad, hasta en mi comunidad cristiana. ¡No hay Luz si no hay resquicios donde poder pasar! Y no hubo tales resquicios por miedos, esos miedos que a todos paralizan porque no se creen que otros puedan tener los mismos, y también hayan tapado esos resquicios que podrían devolverles la esperanza. Porque es así, ya no brota la esperanza alegre en los corazones de los que no hemos conocido a este Niño, de los que le volvimos la cara, de los que preferimos llevar las riendas de nuestras vidas nosotros mismos, de los que nos empeñamos en seguir las corrientes de afuera y pasar de los torrentes de gracia de nuestro interior. En fin, ese Niño se presenta para contradecirte, para ponerte en evidencia, para que te conozcas y reconozcas hasta dónde puedes llegar, qué es lo que necesitas y no dices, y por qué no puedes amar con libertad. Ese Niño viene a poner Luz en tu oscuridad.

Así lo decía el sacerdote en la homilía de hoy. Como es la fiesta de la Candelaria, las velas que hemos encendido representan la presencia de Dios en nuestra vida. Son pequeñas llamas que en comparación con los focos de un escenario, nada alumbran, pero… ¡cuánta luz dan en la oscuridad más absoluta! Imagínate en tu propia oscuridad, esa pequeña presencia, lo que puede alumbrar. Te calienta, te acompaña, te muestra el camino. Esa Luz que se presenta y puede mostrar lo más íntimo de nuestros corazones. Primero, nos muestra nuestro corazón antiguo con telarañas, con rotos, descosidos y toda índole de ruptura. Después, nos muestra el corazón nuevo, limpio, sanado, que puede llegar a ser con su presencia, no separándonos de esa Luz, ese Niño. Es tan sencillo todo cuando por fin vemos, cuando por fin abrimos nuestro corazón, cuando por fin nos dejamos presentar a ese Niño que sólo viene a calmar las aguas y traer una brisa nueva.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. M.M. de Jesús dice:

    Muy bella exposición. Me alegra lo que en ella dices. Ese Niño…es lo único que de verdad vale la pena. En El, un abrazo

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    1. ¡Muchas gracias, M.M. de Jesús! Me uno a ese abrazo.

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