En la madurez está el gusto

Hace una semana escuché a una mujer hablar poco, pero contundentemente. Era abogada y esto se notó de inicio a fin. Para decirse que las mujeres necesitamos verbalizar más que los hombres, he de decir que ella no dijo ni una palabra de más ni de menos, fue exacta, sin resultar cargante ni dejar con ganas de más. Y eso que el tema que iba a tratar bien merecía un torrente de reflexiones. Quien se dispone a hablar sobre algo tiene que, al menos, dominarlo. Ella demostró una madurez en todo su ser: palabras, gestos, acciones y educación. Y, ya que vi en ella las palabras que predicaba, el tema que nos propuso se me antojó interesante, ameno y de un atractivo considerable.

Y de madurez versó la tarde, apenas una hora y media de reflexiones. Aunque la proyección de esa madurez fuera el noviazgo y, posteriormente, el matrimonio, no está de más decir que no importa si va a haber o no noviazgo, sino si uno está construyendo la mochila con la que caminar los años venideros. Fue una perspectiva un tanto diferente a la que nos tiene acostumbrada la sociedad de hoy. Todo comienza por una mochila que llenar para poder entregar. Y, justamente, la sociedad de hoy parece que esto último no logra poner por obra porque… ¿cómo entregar el propio yo si soy yo el centro de mi vida? Un yo que está hiperestimulado con informaciones de toda índole, aunque tienen más peso las que otorgan sensaciones y relaciones. Y éstas no las vivimos, sino que nos viven, estamos inmersos en un mundo donde parece imposible llevar la iniciativa con una voluntad libre. Hay un yo narcisista que disfruta lo que tiene delante y, no conforme con ello, lo posee. Necesita poseer las cosas y las personas. Así da paso a la cosificación de la mujer, del hombre. Y, ¿cómo salir de este mundo si hay un sinfín de multiplataformas donde se da este tipo de relación compro-consumo, donde proliferan relaciones narcisistas con alergia al sacrificio, y si asoma el sacrificio tiene que haber una ganancia a cambio? Parece un laberinto sin salida pues, para colmo, se confunde el amor con la atracción y ésta no hace más que fundar el consentimiento para un compromiso… a muy corto plazo.

¡Y ésa es la mochila que llevan cargando muchas personas! Y puede que tu novio, o novia, tu mujer o marido. ¡Incluso tú! ¡Yo! En torno a todo ese contexto estamos formando nuestro sí, quiero que da comienzo a un proyecto común y a una vida completa. ¿Estamos seguros de querer entregar esa mochila? Si resuena en tu interior un ¡NO! rotundo, veo la madurez asomando en tu vida. ¡Déjala entrar! Ella te dará la pista para construir tu vida e instalarte en ella sin miedos ni nadie que la haga temblar. En un momento dado, la abogada nos destapó las tres formas de amor que hablan de madurez: cómo nos sentimos amados, cómo nos amamos y cómo amamos; y sentenció que esas tres formas son un don y, a la vez, tarea. ¡Hay que trabajársela! Crecer lo hacemos inconscientemente, pero madurar, ¡está en nuestras manos! Y también nos ayudan otras personas y circunstancias. ¿Por dónde empezar? Como un buen libro: que tenga un argumento. Nuestra vida, ¿es una vida argumentable, con sentido? Nos levantamos, nos duchamos, desayunamos, vamos a trabajar o a la universidad, comemos, seguimos con nuestra actividades de ocio y a dormir de nuevo para esperar un nuevo día. Entrelazado a todas esas actividades debe recorrer un filo hilo que le dé sentido. ¿Y después?  Hay que asumir nuestra vida, vivirla con el sentido que le hemos dado: coherencia. ¿Y por último? Esforzarnos, el sacrificio será nuestro grito de guerra. Éstos son los ingredientes de una vida lograda: argumentable, asumida y esforzada.

Hay un sinfín de manifestaciones de madurez en la vida de una persona que recorren todos los ámbitos, toda su persona, pues la madurez ha de ser integral como lo es la persona. Podemos apreciar que una persona tiene intereses, curiosidad por conocer, por saber, por culturizarse. También que se fija metas y que no sólo las fija, sino que se esfuerza por alcanzarlas (¡sale de sí misma!). Elige buenos amigos, ésos que la animan a ser mejor y le aportan. Sabe ser divertida y cuándo serlo (¡matiz importante! Qué inoportuna es la gente inmadura). Es respetuosa con los demás y, ojo, en TODO: tiene un sano pudor, conoce las sensibilidades de la otra persona y sabe ver y reconocer la dignidad del otro. Y, por último, le caracteriza una profunda reflexión en todo momento: sabe habitar su intimidad, distanciarse para tener perspectiva, tiene un gran señorío y es dueña de lo que es, ¡tiene libertad interior!

Hay un matiz muy importante que suele pasar desapercibido, al menos para los que se casan con prisas, por presión o por cumplir con lo estandarizado. Tiene que ver con dos palabras, quizás las más famosas y universales: Sí, quiero. Ese matiz está en el sentimiento y en la voluntad. Ocurre, a veces, que damos a la otra persona nuestro sentimiento amoroso en el sí, quiero en lugar de nuestras personas, lo que somos. Y resulta que ese sentimiento no es algo que poseamos y que, por tanto, podamos entregar. No estaríamos hablando propiamente de amor, porque el amor es donación. En cambio, el verdadero sí, quiero pone en juego la voluntad porque es querer. Es una voluntad de elección, y nadie puede dar ese “sí” por mí. Por tanto, ese quiero es decisivo, vital para la vida de cada persona, tiene que englobar su voluntad, su ser completo para poder entregarse. Y ahí sí que estaría presente el amor.

Termino con una pregunta que soltó al aire pero bien supimos que iba directa a nuestra conciencia: ¿qué necesitas para lo que quieres fundar?
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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Carolina dice:

    Qué sabias palabras, Rocío!. Tu reflexión me ha tenido enganchada de principio a fin!. Ojalá más personas entendieran que una relación madura parte de personas maduras. Parece algo obvio, pero no lo es… Besos!

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    1. ¡Carolina, qué grata sorpresa! Y perdona el retraso en contestarte. Sinceramente, ¡no te había reconocido! Me sonaba tu apellido pero no caía… GRACIAS, cierto, y tú lo has dicho: parece obvio. Pero incluso las obviedades hay que explicarlas. Esta reflexión se me ha regalado a través de la abogada, yo sólo he juntado sus ideas porque me parecían muy interesantes. ¡Un saludo!

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