El dinero sí da la felicidad

Entre otras muchas cosas y más importantes que el dinero, pero se puede decir que éste nos concede la alegría en determinados momentos de la vida.

La sociedad de hoy tiene oportunidades para la gente que se las puede costear. Ya sean laborales, de viajes, gastronómicas o académicas. Nadie puede dar un paso al frente sin una moneda en el bolsillo. Todas esas oportunidades son, para la gente, el futuro que ha pensado para su vida. Además de sueños que realizar, planes que llevar a cabo y experiencias que vivir. Este mundo no regala nada. “Quien algo quiere algo le cuesta”, además de esfuerzo, dinero. Empezando por un regalo de cumpleaños pasando por organizar una boda, estudiar un máster, comprar unos muebles o reservar unos billetes de avión.

La felicidad que buscan las personas tienen un denominador común: el coste monetario. Aunque directamente no se perciba, el proceso hasta llegar a ese elemento de felicidad ha tenido su inmersión económica. Es un contraste que da que pensar. Hay quien tiene dinero y lo malgasta pensando en la relación de cuanto más gasto más felicidad adquirida. Y ese gasto lo hace en cualquier cosa que se le ponga por delante. No se plantea nada más que el poseer aquello. Aquí hay un consumismo puro sin responsabilidad alguna.

Hay quien se le alegra la cara al ver que su cuenta bancaria por fin es una cuenta decente, y empieza a soñar, a idear, a planificar su vida tanto personal, social, académica como laboral. Porque cuando se tiene con qué pagar se abren muchas puertas. Aquí se da un consumismo moral donde cada inmersión tiene un por y para qué con sentido y valía. Qué bien se vive cuando se tiene la tranquilidad de poder llegar a todo y sin deber cuentas a nadie. Hoy en día el dinero está muy ligado a la felicidad no por el mero hecho del error del consumismo, que también, sino por el otro lado de la moneda: todo necesita de un papel de color o de una pieza de metal redonda para conseguir aquello por lo que has luchado y soñado desde pequeño.

Porque disfrutar de la playa, de una conversación con un amigo en una terraza, de una tarde de senderismo o de un buen libro conlleva un desembolso; en algunos casos pequeño o simbólico, y en otros, más importante. Al fin de cuentas hay que pasar por ese pequeño proceso para adquirir el bien material o inmaterial. En ocasiones nos conceden éste gratuitamente y entonces nos han alegrado el día y nos sentimos dichosos de vivir; otras tantas nos rebajan el precio considerablemente y decimos que vale la pena acogerse a ese descuento y disfrutarlo y, finalmente, nos damos un homenaje cuando sabemos que algo cuesta nuestro sueldo del mes pero que una vez en la vida no pasa nada y además se disfruta el doble y mejor.

En cualquier caso siempre está la palabra dinero por medio y medimos nuestra felicidad por el valor de éste en las cosas que hayamos adquirido mediante el mismo. Estamos atados a los billetes y monedas, además de condicionados para poder o no dar otro paso en cualquier aspecto de nuestra vida. Es un círculo vicioso en el que a día de hoy es difícil salir pues está difícil la estabilidad económica por la escasez de trabajo y la falta de criterio económico.

Sí, el dinero da la felicidad momentáneamente pero no para la eternidad. Da la felicidad en minúscula pero no en mayúsculas. El dinero nos da alegrías porque es el medio que tenemos para poder ir haciendo marcha y construir nuestra vida pero no nos confundamos ni dejemos que la sociedad consumista nos nuble la conciencia y el buen criterio.

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Perdona el retraso, ya estoy por aquí. Me ha encantado tu última frase y es otra razón a favor de que el dinero da la felicidad: se la podemos acercar a otras con nuestra generosidad. Me has recordado un gesto de la Madre Teresa de Calcuta con un señor que un día le dijo “el trabajo que tú haces, yo no lo haría ni por todo el oro del mundo” y Teresa le contestó así: “yo tampoco”. Muchas gracias por dejar tus reflexiones una vez más, un saludo.

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    1. Y sin embargo Dios provee... dice:

      Porque no se puede servir a Dios y al dinero. Y porque si a los pájaros del cielo Dios los cuida… ¿No lo va a hacer contigo? Por eso vended vuestros bienes, dad limosna, y haceos un tesoro en el cielo…

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      1. ¡Gracias por el matiz! Me gusta eso último de “haceos un tesoro en el cielo” que no es otra cosa que vivir como hijos de Dios, personas de una pieza. Ese tesoro es un lugar en el Cielo.

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  2. Hay instantes de felicidad que no se compran con todo el dinero del mundo. Hay un tipo de felicidad que es imposible apresar con euros. Pero el ser humano camina por un mundo en el que, por desgracia, parte de la “felicidad” se obtiene con el dinero. “No solo de pan vive el hombre”, pero también de pan, y la gente sufre si le falta lo elemental y eso, hoy por hoy, se compra con dinero. Y mientras llega la felicidad eterna, es bueno que ayudemos a los otros a tener pequeñas felicidades…

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