Papel y bolígrafo, dos grandes amigos

No importa qué ocasión o motivo sea, siempre se acaba con papel y bolígrafo para plasmar una idea, un pensamiento, una historia… No importa, tampoco, de qué tipo sea el motivo, el papel y el bolígrafo se tienen como compañeros de la vida y nunca se han cerrado la puerta a cada uno. Si el papel quiere ponerse en acción, entonces el bolígrafo también. Y viceversa. Raras veces se ha visto que el papel quiera hacer de medio transmisor y que el bolígrafo se haya abstenido a tal requerimiento. Y viceversa. Aun así, ninguno de los dos es el motor principal de la acción.

Escribimos sobre papel. Es el medio genuino y el que más placeres otorga a quien lo utiliza. Quizás se comenzó a esbozar en una servilleta, sobre una mesa, en una pizarra e incluso en la mano. Pero al final, siempre recurrimos a un papel por su hoja inmaculada que nos invita a llenarla de palabras, dibujos y números… Aunque luego todo ello pase a ser mecanografiado y digitalizado, nunca dejará de existir su salida al exterior por vez primera: en un papel y a bolígrafo. Aun así, ninguno de los dos es quien hace posible todo aquello.

Hay una unión curiosa entre el papel y el bolígrafo. Escribimos cartas sobre papel a pluma, a bolígrafo o a lápiz. Son cartas de amor, de perdón o de amistad. Redactamos proyectos sobre papel a pluma, a bolígrafo o a lápiz. Son proyectos de final de carrera, profesionales o gubernamentales. Escribimos libros sobre papel a pluma, a bolígrafo o a lápiz. Son libros de texto, de autoayuda o de historias apasionantes. Redactamos testamentos sobre papel a pluma, a bolígrafo o a lápiz. Son testimonios de herencias, de vida o de fe. Aun así, ninguno de los dos es el artífice de las palabras escogidas en aquellos.

Que haya una unión entre el papel y el bolígrafo es porque una persona quiso que así sea. Las palabras no son independientes. Por el contrario, dependen del bolígrafo que a su vez depende del pensamiento que depende de la mente de una persona. Las personas somos las artífices de las obras de arte, es decir, de los clásicos que se han escrito. Además, somos las causantes de las pésimas redacciones con aún peores ideas de por medio.

Según cómo hayamos alimentado nuestra mente durante la vida, buenas y no tan buenas palabras saldrán de nuestros instrumentos de contacto con la realidad: el papel y el bolígrafo. Dos grandes amigos cuando se ha sabido aprehender y reflexionar sobre la vida y experiencia adquirida, y dos grandes enemigos cuando se ha dejado de lado nuestra capacidad intelectual y de admiración por la vida y cuanto hay en ella.

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