A decir verdad

A la hora de decir la verdad cuesta mucho sacarla a brillar en cualquier momento, en diferentes ámbitos y en la compañía de amigos. No os voy a mentir, cuesta decir la verdad. Al mismo tiempo pienso que esto es así porque no nos hemos enterado de qué va y el bien que nos puede hacer. Cuando vamos con la verdad por delante, todo en nuestra vida se unifica, es coherente y no tiene doblez. ¿No es esto lo que anhelamos?

Hoy, en tiempos donde se requiere transparencia, prima que ésta venga a través de las personas y así debe ser. La mayor transparencia que se pide en nuestra sociedad es la de las compañías y empresas en relación a sus cuentas económicas. Parece ser que si no vemos, no creemos. Cuando se muestra la verdadera cara no hay lugar para el desengaño ni para la desconfianza, y sí para la esperanza y la apuesta segura. Qué bien hace a uno mismo, a los demás, a la sociedad y a la vida misma ir con la verdad por bandera, como compañera del día a día. Ninguna sensación de inquietud, ningún momento de mal trago y, lo que es más importante, llenos de paz interior.

La verdad se identifica con lo bueno, lo bello y lo auténtico. Todo lo que respire e inspire esto, es el buen camino. En la verdad nos encontramos y nos realizamos. A través de la verdad reconocemos nuestro camino y lo recorremos sin ningún tipo de miramientos. Con la verdad siempre se sale ganando, aun en circunstancias que así no lo parezca. Por la verdad conseguimos cualquier meta digna y nos valoran como personas de confianza.

Escribo sobre la verdad a raíz de completar una encuesta sobre un servicio prestado. No era una del tipo de respuestas cerradas, sino totalmente lo contrario. Invitaban al usuario a dar su opinión. Entonces pensé en la consecuencia de haber colaborado en este encuesta. En ella se pide que se opine, con libertad, de una realidad para sacar conclusiones, mejorar o cambiar algún aspecto. Y esto es lo que ocurre en nuestras vidas cuando decidimos ser objetivos y humildes. Con las verdades ajenas y propias colaboramos para construir. Aquella empresa no tuvo miedo de preguntar por la calidad de sus servicios ofrecidos y por ello, va a recibir su premio: orientarlo al servicio de la sociedad.

Por tanto, decir la verdad siempre es bueno, con ella construimos, a través de ella aportamos y en ella vivimos con dignidad. A su vez, tuve otra ocasión para pensar en los momentos cotidianos que nos piden ser sinceros con unos mismo, con terceros o con Dios. Entonces recordaba las veces en las que debemos decirle a un amigo por qué no lo tenemos en Facebook o por qué lo eliminamos del mismo. O a google por qué desinstalamos una aplicación suya o no queremos seguir recibiendo actualizaciones. Al mismo tiempo, pensaba en el momento de decirle a tu jefe por qué has llegado tarde o por qué no acabaste determinada tarea. O contarle a tu pareja que rompiste un vaso al fregar o que se te olvidó comprarle pan para cenar. Y sin ir más lejos, decirte a ti mismo por qué haces una cosa y actúas de una forma sabiendo que por ahí no andas por buen camino. O confesarle a Dios (a través de un sacerdote) todo lo que te avergüenza de tu vida pasada y presente.

Parecen cosas insulsas pero llenan nuestro día a día, y de ahí se va construyendo nuestra vida, nuestra coherencia de vida y nuestra madurez.

 

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. amparosuay dice:

    Es precioso lo que has escrito. Estoy muy de acuerdo y hay que ser valiente y coherente con uno mismo y con los demás. Felicidades y un besote.

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    1. Amparo, me salió del alma y gracias a tener un momento de tranquilidad amenizado con buena música y, por supuesto, contando con la propia experiencia. Una alegría leerte otra vez, un fuerte abrazo.

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  2. Muy buena la entrada. Al comenzar a leer el pensamiento se me ha ido a Jesús, al que vemos estos días como vemos, por haber ido siempre con la verdad por delante. A El le costó la vida, algo parecido nos puede suceder y por eso disimulamos, el miedo nos paraliza.
    Me gustaría dar un pequeño apunte. Siempre hay que ser sincero, veraz, pero en ocasiones uno debe ser también prudente por el bien ajeno. La prudencia es una virtud que debemos saber conjugar con la verdad, con la sinceridad.
    Me quedo con esto: “La verdad se identifica con lo bueno, lo bello y lo auténtico. Todo lo que respire e inspire esto, es el buen camino. En la verdad nos encontramos y nos realizamos. A través de la verdad reconocemos nuestro camino y lo recorremos sin ningún tipo de miramientos.” Esto es para mí el seguimiento de Jesús, porque la verdad, es El; la bueno, es El; lo bello, es El; y por eso recorremos el buen camino que es El.
    Con el te dejo. Santos días.

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    1. Te animaba a seguir viéndote por aquí y veo que ha dado resultado. Gracias de nuevo por tus aportaciones y por resaltar parte del texto. Es verdad lo que apuntas sobre la prudencia. Muy oportuna, a día de hoy nos lanzamos sin sopesar y podemos meter la pata queriendo hacer todo lo contrario. Hay muchos matices que no he tocado aquí, pero para eso están los comentarios de los visitantes. Feliz Semana Santa a ti también.

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