El amor no es un pasatiempos

Llevo un tiempo pensando en este tema. Es complicado. Lo es, si no se entiende bien. Hace poco vi unas inscripciones en unas piedras cerca del puerto con esas declaraciones llenas de amor y amistad. Los amantes olvidan que se las lleva pronto la lluvia y el chocar continuo del agua.

En otro momento pude observar un pequeño detalle en un lugar diferente. Fue en un puente. La estructura que lo forma estaba llena de una veintena de candados a lo largo de su recorrido. Grandes, medianos y pequeños. Unos estaban firmados con las iniciales de los amados (supuse) y otros simplemente estaban ahí, jurando amor eterno ante los viandantes que se acercaran a transitar esa pasarela.

Esas dos expresiones de “amor” al dejarlas en manos de unos simples objetos materiales parecen que no tienen muchas posibilidades de permanecer en el futuro. Por eso lo de pasatiempos: hoy en una piedra, mañana en un puente, pasado en una acera y al otro en un espejo. En todo caso, la expresión “el amor no es un pasatiempos” no sólo venía por esto último, sino más bien por la falta de seriedad en el mismo.

Quizás es en la primera veintena de años de nuestra existencia cuando se nos permite jugar y entretenernos. Y quizás también sea cuando menos nos percatemos de la importancia de saber jugar y respetar las reglas del juego.  Hay quien crece en un ambiente que le permite vivir el amor como lo que es, sin un ápice de mentira ni escatimo, devolviéndolo como lo ha recibido. Otros en cambio tienen unas circunstancias concretas o crecen con unas personas que no han sabido transmitir la esencia del amor, el darse.

No es un pasatiempos porque no es una cosa pasajera. Ni algo con lo que llenar un tiempo muerto. Mucho menos un juego donde se tengan tres vidas y hacer con cada una lo que plazca: una para vivir un amor abandonado al desenfreno; otra para explotar el lado más banal del amor (si a eso se le puede llamar amor) y la que queda para saciar la sed de amor con experiencias exóticas (por no decir vulgares).

Los pasatiempos tienen la característica de ser amenos, entretenidos y asequibles a nuestra inteligencia. El amor también es ameno y entretenido, aunque no asequible a nuestra inteligencia porque la sobrepasa. Se diferencia del pasatiempos en que incluye a un tú y al sufrimiento. Dos compañeros de viaje imprescindibles para explotar el amor verdadero. El pasatiempos queda en el olvido, una vez hecho se tira o se rompe y se busca otro. El amor no puede quedarse en esa pobre imagen. Es mucho más que eso y quien quiera permanecer en ese peldaño se pierde todo lo que la vida puede darle.

Cada uno tiene reservado un cara a cara con el amor en algún momento de su vida. Ese momento pide valentía y fortaleza: es un legado muy grande el que se nos ha dejado. Quien entiende de verdad lo que es el amor sabe que no puede dejarlo ir sin más. La vida ya se encarga de presentarnos pasatiempos que desvíen nuestros pasos, lo importante es no entrar en el juego. Vale la pena.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Pareces un aficionado viendo jugar a la selección. Gracias otra vez.

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  2. Rafa dice:

    ¡Olé, olé y… olé!

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