El gran concierto

Hay dos grandes temas entre unos pocos que atraen y arrastran miles y millones de seguidores. Llevan a sus espaldas numerosas horas de conversación y de, por qué no decirlo, discusión. Grandes personas con sus defectos y virtudes las lideran o les aportan valor.

La música y la religión. O la religión y la música. En cualquier caso, dos interesantes ámbitos donde la persona puede conocerse y desarrollar sus dones.

Me detengo ante estos dos porque así sucedió hace unos días al ver una película con temática religiosa y al encontrarme por la red un gran concierto. Y viene muy bien para seguir con los once de cada mes.

Me imaginaba un concierto, de esos que son una maravilla para los oídos y existen para poder deleitarse una noche ya sea de primavera o de verano. Un gran concierto donde vibrar con cada nota, admirar la belleza de cada sonido y quedar anonadado ante el arte desplegado por los músicos y artistas.

En esos conciertos hay otras tantas personas que acuden por lo mismo. Quieren todo aquello que se ha descrito anteriormente. Existe una conexión que hace sentir como en casa. Los demás dejan de ser desconocidos y más bien se parecen a unos amigos de los de toda la vida. Uno está arropado y seguro allí. Se canta y baila al unísono. Se grita y salta al compás. Unos más, otros menos. Al fin y al cabo, todos van por una cosa común: disfrutar de un buen rato con su grupo o artista de música favorito y hacerlo acompañado de otras personas que han optado por eso también. Ahí todos saben que van a compartir un momento único. Toda la alegría contenida sale en forma de aplausos, silbidos y coreando los nombres de aquéllos.

Por otra parte me imaginaba una Misa, una de tantas que se celebran cada día en miles de lugares alrededor del mundo. Una Misa donde escuchar palabras como ninguna otras, contemplar, vivir cada uno de los fines que tiene la Misa (adoración, perdón, dar gracias y petición) y permanecer atrapado por el amor que refleja cada gesto del sacerdote que celebra.

En esas Misas resulta que también hay otras muchas personas que se acercan por lo mismo. Quieren participar de aquellos cuatro fines en conciencia. Hay un espíritu común con el que están en confianza. Todos forman parte de una gran familia, nadie queda excluido. Uno se siente querido, escuchado y perdonado por el resto. Se reza y canta. Se arrodilla y se da la paz con devoción. Unos más, otros menos. Al fin y a la postre, todos comparten el mismo credo: amar a Dios y amar a los demás como a uno mismo. Todos acuden a la Iglesia para un encuentro personal con Dios que a ojos ajenos resulta un encuentro colectivo. Entonces, de ese encuentro sale un convencimiento de vida en forma de servicio, escucha, comprensión, oración y perdón que, junto al de los demás, puede cambiar el mundo.

Disfrutar de un gran concierto y acudir a Misa podría decirse a primera vista que no tienen nada que ver, pero ahora tengo mis dudas. En cada uno ocurre algo grande y eso lo tienes que descubrir tú.

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Lydia D. dice:

    Muy buena comparación y muy buena explicación. Gracias por compartirla! ;-)

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    1. rms dice:

      Son cosas que una descubre y tiene que compartir. Gracias a ti por leer y hacer tan buena valoración.

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  2. Rafa dice:

    ¡Muy buena! Un saludo.

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    1. rms dice:

      Gracias, desde la primera idea hasta la última, el texto ha dado mil vueltas; así que agradezco de veras que la valores así de bien.

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