La belleza nos rodea siempre

Hace unos días pude disfrutar de la compañía de unos amigos mientras caminábamos cercanos al mar, a una de tantas partes de la naturaleza en todo su esplendor. Unos ojos sedientos de belleza nunca se cansan de contemplarla aun haberla visto tantas veces, aun haber visitado una y otra vez ese lugar, aun faltarle algo desde la última visita. Impresiona lo que produce al mirarla, al tenerla cara a cara. Suena muy bucólico, pero quien esté rodeado de belleza podrá entender que no hay palabras suficientes ni exactas para poder abarcarla. Pero lo que también sabrá es que hay una necesidad de expresarla ya sea por medio del arte, de la música o de las palabras e incluso sin éstas. El silencio es otra forma de belleza poco explorada. ¿Será que la belleza enamora? ¿O mejor será que cautiva? ¿Quizá asombra? ¿O atrae? La belleza llama la atención. Eso está claro.

Disfrutar de la belleza en compañía le da un toque nuevo pues se puede llegar a apreciar alguna cosa desapercibida o gustar de otra con más profundidad. Intercambiar impactos de la belleza en cada uno es algo también bello. Ver cómo emociona a una persona contemplar un paisaje, escuchar una canción o recitar un poema. Hay algo de otro lugar; hay algo de otra presencia; hay algo de misterio. Quizá es esto lo que cautiva de la belleza: el no poder comprehenderla, el acercarse a ella sin conocerlo todo, el escapársenos un ápice que nos provoca el seguirla allá donde la encontramos con ánimo de hacerla de la familia. Algo familiar en nuestra vida, en nuestro día a día. En realidad, estamos rodeados de ella, pero nuestros sentidos están más familiarizados con otras cosas que distan mucho de la belleza la mayoría de veces. Otras, no hemos ordenado nuestras prioridades y por ello no le prestamos atención. Porque cuando tenemos nuestra atención libre… ¡la belleza la atrapa!

Hay algo vivo en la belleza y no hablo sólo de la que podemos encontrar en la naturaleza. No. Hablo de cuanto consideremos bello cada uno de nosotros. Eso que habla de bondad, amabilidad, paz, conexión. Mejor sería decir que algo dentro de nosotros cobra vida cuando nos topamos con algo bello. Puede que resucite, que palpite de nuevo, que se haga presente tras mucho tiempo. Pero sí, nos habla. ¿De qué? De tantas cosas. De ti, de mí, de nosotros. De la vida, del mundo, de la humanidad. De tu interior, de mi profundidad, de nuestra persona. Del presente, de los siguientes pasos, del pasado. De esperanza, de confianza, de pasión. Fíjate que la belleza no hace ruido sino que se cuela por la rendija que tú le dejes o ya encontrará ella la manera de colarse en ti. La belleza no es estridente, es sencilla y por eso la encontramos y nos hace compañía cuando bajamos revoluciones y volvemos a lo de antaño: vivir sencillamente.

La belleza creada nos rodea: la que ha realizado el ser humano, la que se ha creado tras el paso de los años, la que pensó y creó un artista con su sola esencia. ¡Podemos crear belleza! Recuerdo unas palabras de una persona que me decía que no tuviera mi mirada en las cosas que pudiera hacer mal sino en la libertad que se me ha regalado para hacer el bien, para crear belleza con mi vida a través de mis actos, palabras, silencios y gestos. ¡Es mucho mayor esta parte en nosotros! Estoy de acuerdo con Dostoyevski en que la belleza salvará al mundo. Cuando leo mundo leo humanidad, es decir, nuestras personas. ¿Por qué? Porque nos devuelve la mirada a lo esencial, a lo que nos habla de nosotros mismos: de la posibilidad de bondad en nuestras vidas y de la posibilidad de esperanza en nuestra historia. Como aquel jarrón japonés hecho añicos y vuelto a pegar reparado con la técnica del kintsugi donde todo defecto puede esconder una gran virtud: la de la belleza si se acepta, acoge y se transforma.

La belleza nos rodea siempre. Sí, y con rotundidad lo afirmo porque está en nosotros. Está en ti, en mí. Tú y yo hemos sido creados por ese artista con su sola esencia. Qué bueno sería poder mirarnos con esa conciencia, no sólo a nosotros mismos sino a todo lo creado. Empecemos hoy pues la belleza es esperanza.

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