(in)Fidelidad

Intuyo que el título os haya llamado la atención o hecho pensar en ¿hablará de la infidelidad o de la fidelidad? La verdad es que no se puede dar la una sin la otra. Corrijo, uno no se da cuenta de la una sin la otra. O, mejor, gracias a una dejamos de vivir la otra. Pero, ¿cuál estamos viviendo? O, ¿cuál queremos vivir? Y… ¿cuál decidimos vivir?

Es una palabra que vivida da un sentido a todo, al menos, coloca todo en su lugar. ¿Qué lugar? El lugar al que uno decida enfocar lo que quiere ser, vivir, pensar y hacer con su vida. Leyendo la definición parece tarea fácil y si uno está convencido de ello no hay vuelta atrás. Pero, no olvidemos nuestra condición humana, nuestras contradicciones, nuestros límites, nuestras apetencias y tantos otros “nuestros/as” que hacen mella en nosotros cuando nos disponemos a vivir de una determinada forma. ¡Y no hablemos ya de lo que nos influye la cultura, la sociedad y las personas! Al final, ser fiel o no es una decisión personal. Aunque observemos otros aspectos que puedan influirnos, la última palabra la tenemos nosotros y la decisión habla de cada uno, define sus actos y dan una idea de quién y cómo es. ¡Vaya decisión! Perfila toda una vida.

Cuando pensaba en esto de la (in)fidelidad me venían unas cuantas canciones a mi cabeza. Hablaban de sentirse roto, de no encontrar la salida, de cometer errores, de haber sido vencido por su propio juego, de no poder conectar o de llevar mucho tiempo así hasta salir de esa situación de ruptura interna. Esto es la infidelidad: sentir que algo se rompe por dentro. Y ese algo es muy personal. Motivaba al resto y ahora ya no tiene vida. Ha muerto el sentido, la chispa, la dirección, el movimiento que guiaba con fuerza. ¿Por qué sucede esa ruptura interna? Está claro que no se rompe de la noche a la mañana, sino que es una cadena de pequeñas cosas que van haciendo un surco cada vez más pronunciado. Hasta que ya no hay forma de detenerlo.

Creemos que no hay una forma de detenerlo porque nos hemos enrolado en esa manera de vivir hecha ya tan familiar y a la que nos hemos asentado cómodamente (tantas mentiras, tantas justificaciones, tantas ocultaciones, tanto ir a medio gas…). O, también, pensamos que está todo roto y no se puede arreglar porque vemos las piezas sueltas, sin ningún tipo de conexión ya y no cabe en nuestra cabeza nada ni nadie que sepa conectarlas de nuevo. Quizá no tenemos a nadie a nuestro lado que nos hable claro y nos dé la mano para salir o quizá somos nosotros mismos los que hemos perdido la esperanza, no creemos en nosotros y no queremos conocer otra realidad. ¡Son tantas cosas que no logramos ver o tener cuando estamos rotos!

Y es que ese surco se ha ido pronunciado a base de pequeñas cosas como ciertas actitudes, ciertos gestos, ciertas palabras y omisiones… que no nos han ayudado a levantar la mirada, tener confianza en un tiempo mejor o mirar nuestra vida con un halo de esperanza. Nos hemos tropezado una y otra vez con la misma piedra. ¿Hasta cuándo? Es una voz interna que resuena cada vez. Y, de repente, entre todo este tinglado aparece una persona hablando de fidelidad y, más adelante, cae en mis manos un texto con unas palabras que concretan las dimensiones de la fidelidad sin ningún tipo de (in)fidelidad en ellas. ¿Casualidad? De nuevo resuena una voz interna, pero estaba vez deja un gusto agradable. Hay luz.

Coherencia; vivir de acuerdo con lo que se cree. Ajustar la propia vida al objeto de la propia adhesión. Aceptar incomprensiones, persecuciones antes que permitir rupturas entre lo que se vive y lo que se cree.

Constancia; es fácil ser coherente por un día o algunos días. Difícil e importante es ser coherente toda la vida. Ser fiel es no traicionar en las tinieblas lo que se aceptó en público.

Todo lo que nos hacía vivir en esa (in)fidelidad puede invertirse y lograr vivir en la fidelidad a través de ciertas actitudes, ciertos gestos y ciertas palabras… ahora bien enfocadas, pero acompañadas de personas que nos ayuden a mantener el pulso o el equilibrio a nuestra vida. Recordaba esas mismas canciones que me venían a la mente al pensar en la (in)fidelidad y había en ellas una luz, como un grito de no querer conformarse con ello. Dejaban abierta la puerta a la esperanza. A veces es necesario tropezar y despertar para acogerse fuertemente a la novedad conocida recientemente (esa otra forma de vivir) y no querer volver a lo que se vivía antes y no nos dejaba respirar tranquilamente.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Buenas,
    Hay una fidelidad que no somos capaces y nos estrellamos muchas veces contra el muro de querer y no poder. Nos sale el mal de dentro cuando la intención es el bien, nos vienen pensamientos del Enemigo o habla el dolor, el cansancio en vez de nosotros mismos. La herida del principio nos hace inclinarnos a lo contrario a lo que estamos hechos, ser infieles al proyecto de Dios , a su camino en nosotros y darle la espalda.
    La fidelidad es un don en el que nosotros ponemos los cinco panes que disponemos, para que Dios haga el resto. En cualquier vocación la fidelidad viene de arriba porque Él es el garante del sacramento recibido y nuestras pobres tinajas no bastan, solo su Sangre renueva y transforma nuestro sí en un sí permanente.
    Es mi experiencia de recién casado y también la he escuchado a otras personas.

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    1. ¡Buenas, David!
      Qué alegría leer tus últimas palabras… qué impacto, ¡casado! Conozco bien lo que describes con tus palabras y has hecho experiencia. Gracias por compartirlo y pasarte por aquí… ¡como siempre! Un abrazo

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