En equipo, siempre

Encontré esta foto a finales de septiembre mientras preparaba una presentación y, desde entonces, no me he separado de ella. Ni quiero. Quizá vosotros veis sólo una imagen de un monoplaza de fórmula uno rodeado de unos cuantos mecánicos en un momento de máxima precisión y eficiencia. Y quizá otros veis un poco más y, como yo, esta foto os habla de la necesidad de no hacer las cosas solos. Cada vez más esta idea ronda con frecuencia en mi cabeza. Y, a la par, la experimento; con lo cual me la confirma y reafirma una y otra vez. Por si no quedara bien plasmada hay un proverbio africano que la explica muy bien y dice así: si quieres ir rápido camina solo, si quieres llegar lejos ve acompañado. No sé a dónde queréis llegar vosotros, pero yo prefiero llegar lejos en la vida acompañada en lugar de alcanzar metas personales viviéndolas en mi sola compañía.

Sólo hay que ver cómo disfrutamos logrando objetivos o metas junto a otros. Nos reunimos, sacamos las botellas de champagne y empieza un sinfín de buenos momentos sellados por unas cuantas sonrisas, guiños y abrazos que surgen espontáneos fruto de la alegría contenida. Estos momentos permanecen mucho más tiempo en nosotros y en la memoria de la historia colectiva de esas personas. En cambio, qué triste estampa se crea cuando vemos la otra cara de la moneda: uno, solo, celebrando un ascenso o logro personal. ¿Con quién lo comparte, expresa o celebra? Ese momento es más efímero porque no tiene con quien hacer memoria y sacarlo en algún momento de estar con más personas. Supongo que tanto vosotros como yo podemos contar una experiencia de cada, pero ¿en qué lado de la balanza queremos estar o cuál nos ha traído más vida, más plenitud, más alegría?

Cuando hablo de tener experiencia de hacer algo junto a otra persona pensaba desde la cosa más banal como hacer la limpieza general de la casa como el juntarse para poner a rodar una iniciativa o proyecto tanto empresarial o universitario como comunitario. En cualquiera de los casos, siempre he encontrado más en este lado de la balanza. ¿A qué me refiero con más? A que me ha rodeado una fuerza extra y que necesitaba para ponerme manos a la obra sin vacilar gracias a esas personas. A tener una seguridad contra todo pronóstico a través de personas que me aportaban criterios confiables. A notar un empuje para lidiar esos momentos de flaqueza que tarde o temprano se presentan. Y, sobre todo, a contar con más esperanza si la mía flaqueara. Ese equipo de personas siempre me instan a seguir adelante haciéndome visible otras vías y, además, a confiar cuando no viera claro o dudase. Sin estas personas quizá hubiera abandonado a la primera de cambio.

La verdad es que miro la foto y me sigue hablando. ¿De qué? De cosas apasionantes y que sin la compañía de otros no creo que pudiera disfrutar en profundidad. Me habla de compromiso, de equipo, de misión, de pasión. Claro que uno puede ser una persona comprometida y con una pasión en su vida que le haga llegar a su propósito en la vida. Pero… ¿y si por el camino se está perdiendo ese algo más? Y si… ¿pudiera multiplicar esa experiencia solitaria? Y si… ¿diera una oportunidad a esto de hacer las mismas cosas, pero en equipo? La diferencia es notable, yo doy fe de ello. Pero, claro, es una decisión personal que precisamente el tener una experiencia comunitaria te hace tomarla rápidamente y ya nada es igual sino mejor. Al final, no solamente es una experiencia bonita colaborar juntos en algo, sino hay algo más que cada uno percibe, disfruta y pone nombre como mejor sepa. La verdad que en las últimas ocasiones en que he podido hacer cosas en equipo no he podido evitar recordar la foto con una sonrisa.

¿Y no vas a hablar de los roces y de la convivencia, Rocío? Por supuesto. ¡Aquí hay de todo! Es cierto que cuando emprendes algo con alguien puede que no te lleves bien, te moleste algo de su forma de ser, no encajen vuestras personalidades o caracteres. Incluso pudiera pasar que su manera de hacer no la apruebes o sea muy contraria a la tuya. Todo muy normal y que sucede. En cambio, si te mueves tú solo sabes que se van a hacer las cosas a tu manera, eres tú el único con tus planteamientos, formas de hacer y de pensar. ¡Qué libertad! Sí, pero no hay un espejo donde mirarte y tampoco posibilidad de recibir perspectiva o visión amplia. Estamos ante una bifurcación: en equipo puedes perder libertad y yendo por libre puedes perder una vía rápida de madurez y crecimiento. En equipo puedes ganar una vía rápida de madurez y crecimiento y yendo por libre ganas libertades que quizá no te lleven a buen puerto… Decidme una cosa, ¿vosotros os irías mar adentro solos?

Lo tengo claro: en equipo, siempre. ¿Y vosotros?

Un comentario Agrega el tuyo

  1. de David Coloma:
    Buenas Rocio, no me deja publicar un comentario sobre tu post. Decirte que viene en el momento más adecuado, yo también voy a ser un equipo (Lulu y yo). Respecto al tema en cuestión: cuando vas solo puedes darte cuenta de tus limitaciones, experimentar el desierto, pero no tienes a nadie para compartir. En equipo, con la Comunidad y Dios mediante este sábado con Lulu para todoa la vida es diferente. En el noviazgo he experimentado que compartir la cruz hace que se vuelva ligera, las preocupaciones, también las alegrías. Que es una maravilla tener a una Comunidad de hermanos que rezan por ti, que te dan consejos cuando estás perdido o no sabes qué hacer y te sostienen en momentos muy difíciles como fue la depresión. El equipo nos hace ser conscientes de la interrelación entre nosotros, que todos dependemos de todos y el ser social del ser humano. Gracias por la publicación.

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