Mientras interese la vida

Antes de que nos confinásemos recuerdo haber tenido conversaciones donde hablábamos sobre la vida, pero no en plan general sin importarnos la realidad en la que vivimos. No. En estas conversaciones tratábamos cómo son y se dan las relaciones personales, qué motiva a los jóvenes de hoy, qué vivencia de fe había en la sociedad española y cómo de implicadas estamos las personas ante los problemas sociales que se presentan con frecuencia en nuestra sociedad y por ende, en el mundo. Recuerdo todo muy bien por la pasión de las personas con las que tuve un diálogo abierto y ameno. No tratábamos de solucionar los problemas del mundo desde el sofá mientras hablábamos de teorías o ideas que se las lleva el viento. No. Es necesario juntarse y poner encima de la mesa lo que cada uno lleva en su corazón. Compartir vivencias, preocupaciones o cualquier cosa hace que algo internamente nos provoque. Y ésto enciende una chispa y hace arrancar el motor de la motivación que nos mueve a realizar algún cambio en nosotros o en la realidad que nos rodea y en la que vivimos.

Mientras escuchaba a estas personas tuve la experiencia de encenderse la chispa en mí: vibrar juntos por un tema concreto, en este caso, la vivencia de la fe y de la vida. Acabé reflexionando en que me interesa la vida, cuanto suceda en ella y lo que las personas podemos madurar a través de ella. Pero, a la vez pensaba ¿a cuántos les interesa la vida? Parece una pregunta sin más. Incluso pensaba a cuántos les interesa su vida. No es por ponernos pesimistas es sólo un toque de atención… ¡un despertar! Ahora, cómo hacer notar que a uno le interesa la vida o su vida, corre por su cuenta. Por eso lo que hablaba de realizar algún cambio movido por la motivación tras conectar o vibrar con otras personas. ¿Nos rodeamos de cosas que despierten nuestros sentidos y conecten con nuestras emociones? ¿Nos juntamos con personas que nos hagan plantearnos cosas y nos abran horizontes nuevos? Yo siempre he necesitado de otros para poder despertar mis sentidos, conectar con mis emociones, despertar o descubrir anhelos interiores y abrir la mente. Lo he podido hacer gracias a la música, a letras de canciones, a poemas o escritos de otras personas. En definitiva, a través de obras de arte que no hacían más que transmitirme vida a través de la humanidad de los artistas: personas como tú y como yo.

A veces necesitamos un empujón, alguien que vaya por delante haciéndonos ver que no hay nada que temer. Observamos a otros, admiramos lo que hacen y son un espejo en donde poder mirar(nos). Son como el escalón donde pisar sobre seguro y lanzarnos a ser también nosotros espejos para otros. Quizá lo veamos una utopía o algo lejano a nuestro momento vital, o no vaya con nosotros eso de influenciar o dejar huella allá donde vayamos. ¡No estoy hablando de hacerte influencer o youtuber, ni presidente de los EE.UU! Hablaba de aportar con lo que somos, con lo que ya es nuestro, con nuestra experiencia vivida. No importa si son sólo 8 años que 15, 33 u 86. Mientras nos interese la vida nos involucraremos en ella. Toda nuestra persona se verá afectada por ella y será inevitable mostrarla con nuestra forma de afrontarla: a través de gestos, actos, palabras, silencios, esperas, iniciativas y un sinfín de cosas pequeñas que salen de nuestro ser. Y ésto es lo que ya aportamos cada uno. Habrá quien lo coja y a quien no le interese, pero lo importante es que de nosotros salga un agradecimiento por vivir reflejado en ese implicarnos con la vida.

Hace unos días vi The Giver. Fue provocadora. Y he de reconocer que fue lo último que hizo ponerme en movimiento y sacar esta entrada que tenía guardada desde inicios del confinamiento. Sin revelar mucho de la película y faltando tres por rodar, diré que es un chute de vida, de querer conectar con nuestras vivencias y compartirlas con las de los demás. Hay algo más en nosotros que muchos se empeñan en apagar e incluso destruir. Terminé sintiendo un impulso de despertar a la gente, a los de mi alrededor e incluso a mí misma y hacerles ver que hay más. ¿Más de qué? Esta vida no lo es todo. Durante el confinamiento he podido leer sobre vivencias de personas que salieron adelante y otras que perdieron a sus seres queridos. Mucho sufrimiento. Mucha incertidumbre. Mucho sinsentido. Mucha falta de algo que permanezca. Leer todo esto me traía a la mente la palabra esperanza. Yo no sé exactamente qué es ese hay más, qué puede significar para los demás, pero por lo que llevo vivido no hago más que aferrarme a la espera de algo nuevo. La experiencia que me ha dado el haber pasado por algo que decidí con cierta incertidumbre o de haber vivido un episodio que me hizo sufrir, me hace mirar atrás y ver que siempre hay más, que había algo más que hacía que todo se sostuviese sin desgarros.

Y en esas estoy, interesándome por la vida y haciendo que provoque mi vida. ¿Tú?

 

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