Nada pasa por casualidad

Es curioso cómo suceden las cosas. Cuando se mira atrás y se logra ver lo que por aquel entonces era imperceptible. Ahora todo cuadra. ¿Por qué? ¿Y por qué ahora? Es lo curioso del camino que uno echa a andar. Empezamos a caminar un día sin saber adónde nos llevará, qué descubriremos o qué cosa nos llamará la atención. Y así suceden las cosas, ¡sin apenas darnos cuenta! Resulta que había una motivación, algo que nos hizo dar el primer paso sin ser conscientes de que quizá nos encaminara a otra cosa totalmente opuesta a la vivida o pensada. Lo maravilloso del camino es esto mismo: pararse a contemplar lo recorrido y ver lo que ha hecho en nosotros cada paso dado, cada camino escogido, cada etapa recorrida. Nada queda suelto, todo encaja. ¿En dónde? En eso que andamos buscando sin saberlo, pero de alguna forma somos conscientes de necesitarlo: un hogar.

Estaba claro que hace doce años yo no buscaba conscientemente ese hogar. Me lo encontré sin buscarlo y, además, me vino a hablar de la necesidad que tenía de compartir. ¿El qué? La vida y todo lo que la entreteje. Sobre todo, cómo vivirla y queriendo a Dios en ella. El Opus Dei fue mi primer hogar. El tiempo allí lo puedo contar con los dedos de una mano. Es curioso, también, cómo nos aferramos a lo primero que nos habla de familia, lo rápido que hacemos planes y pensamos que tenemos la vida ya solucionada. A veces es tanta la necesidad de hogar que se olvida uno de cómo llega a ese lugar. En esta partecica de la Iglesia pude experimentar ese cómo y más tarde ponerle nombre y apellido. Ya en ese momento había otro camino delante de mí y salí para emprenderlo. No es fácil recorrer caminos desconocidos cuando se han conocido otros durante tanto tiempo; volver a construir rutas cuando se trabajaba con patrones establecidos tiempo atrás; o enfocar de nuevo los prismáticos cuando se creía tener la mirada en una única y definitiva dirección. No es fácil, pero ¡uno no camina solo mientras se pone a punto!

Y así, entre decisiones rocambolescas de salir a conocer mundo y ponerme a punto fue como conocí a mi segundo hogar: los Focolares. ¡En Dublín! Recuerdo cuando conocí a una focolarina italiana a la salida de Misa. Fue gracioso el modo en que nos conocimos. No sé cómo, pero decidimos esperarnos a la salida de Misa el mismo día para presentarnos y ver qué seguía a ese encuentro. Pues, ¡otra bonita historia! Supe que vivía cerca y que cada mes tenían una reunión en su casa. Se fue dando una relación de amistad y con ella una puerta abierta a conocer el día a día en esta otra realidad de la Iglesia. De nuevo, creí encontrar una familia y así se portaron en cada Palabra de Vida donde compartíamos sobre lo que a mí me interesaba o tenía dentro. Pero, hay veces que aun estando en relación estrecha durante un tiempo, hay algo que nos dice que no es suficiente. En mi caso todavía no sabía ponerle nombre y quizás fuera por el hecho de no conocer más o encontrarme con algo diferente que me hablara de más posibilidades en este camino de fe que me había decidido a recorrer. Hay veces que un lugar, unas personas o una familia son tu posada para recuperarte de una herida anterior, recobrar el aliento y poder seguir caminando.

Y mientras sucede todo eso, la compañía de ciertas personas se revaloriza y cobra una importancia mayor. Sin ellas no hubiéramos podido ponernos de pie para retomar el camino. No nos damos cuenta de los mensajes que éstas nos enviaban hasta no tocar fondo o quizá no eso, sino hasta poder ver y entender lo que nos estaban diciendo o contando de sus vidas. A veces cosas tan sencillas como leer unas palabras que te envía esa persona pueden cambiar el rumbo de la historia personal de uno. Así fue como conocí a mi tercer hogar: Comunión y Liberación (CL). Los textos que esta persona me compartió tenían algo familiar para mí. Esas palabras me llegaban muy adentro, entraban sin dificultad y cada vez tenía más sed de ellas. Quizá las circunstancias físicas por las que estaba pasando acentuaron esta necesidad. ¡Tenía mucho tiempo y no podía moverme! La verdad es que en estas personas había una mirada especial sobre las cosas, las personas y la vida, y una profundidad que nunca había visto o recibido. Fue un imán y un contraste grande con lo vivido anteriormente. Aun así, no hubo futuro. Es curioso cómo no logramos expresar qué es lo que no encaja, pero sabemos que no funciona cuando al mismo tiempo hemos conocido otra cosa que nos lleva a dar un paso más aunque todavía no sabemos en qué dirección, ni para qué, ni ponerle nombre.

Seguir caminado es la solución y estar en camino nos ayuda a encontrar respuestas y personas que nos ponen delante otra realidad. Así conocí a mi cuarto hogar: Fe y Vida. Entre todo lo anterior vivía eventos y actividades de la Diócesis de Valencia que me dio el regalo de conocer y tener mis primeros amigos cristianos. Dos de ellos me hablaron de esta comunidad mientras yo seguía en CL. Cuando se cree que se ha encontrado un hogar no se tienen oídos ni brazos para acoger a otro, pero seré el caso de la excepción porque dejé espacio para uno más. Aun sin darle mayor importancia, recuerdo haber ido a una asamblea en los inicios en Valencia y más adelante, tras ver cómo una buena amiga crecía y tenía un gran horizonte por delante, me interesé de verdad. Yo quería eso: crecer. Fe y Vida no era un simple grupo de oración como creí entender, sino una comunidad donde encontrar tu identidad como cristiano y vivir como tal según las circunstancias de cada uno, y según el grado de implicación que se quiera. Quizá fue por el momento en que los conocí de necesitar vivir en verdad, ser la mejor versión de mi misma, lo que me llevó a encajar aquí. O quizá fue la autenticidad que percibí y la preocupación real por cada persona lo que me cautivó. La música, la alabanza, los momentos de compartir, las relaciones personales, las conversaciones con unos y con otros, las asambleas, la Pascua, IMPACTO, el fin de semana para conocer la Comunidad en Torrelavega y Santander fueron haciendo el resto. Corrijo, fueron haciéndose un hueco en mi corazón.

La verdad es que echaba de menos a Fe y Vida. ¿Dónde había estado todo este tiempo de búsqueda, de luchas internas, de no ver, de creer ver, de decisiones una tras otra? En mi caso he tenido que recorrer todas esas etapas para poder reconocer cuál es mi verdadero hogar y poder volver a casa sana y salva. Es curioso cómo el camino te va haciendo, perfilando, quitando cosas, añadiendo otras, cambiando esquemas, mejorando otros para poder encajar. La pieza del puzzle que faltaba era yo misma.

Soñé que me había perdido y Fe y Vida me decía cómo regresar a casa.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Fernando San Juan dice:

    Hola Rocío , me alegro mucho de que quieras encontrar tú sitio en Fe y Vida y te ayude a encontrar tú lugar en la vida con Fe y cercanía a Jesucristo y Dios su y nuestro padre, maestro y señor.
    Vivir una vida cristiana con cercanía a Dios y Jesucristo y siguiendo sus enseñanzas, nos hace mejores personas y nos ayuda a tomar siempre las mejores decisiones, es nuestra guía y nuestro apoyo en momentos de indecisión o dudas….
    Los errores cometidos en esta vida son solo lecciones que hemos aprendido y que si somos humildes y honestos con nosotros mismos, nos sirven de enseñanza para el futuro y para ser mejores personas y más sabías.
    Es increíble cómo en la Biblia algunos pasajes se asemejan a circunstancias de la vida de hoy en día y de las diferentes situaciones que podemos vivir con otras personas, también podemos leer la biblia para saber cómo hacer frente a diferentes pruebas que tenemos cada día en nuestras vidas y poder afrontarlas de la mejor manera posible para nosotros y evitar disgustos o problemas, la biblia y nuestra experiencia vivida nos hace mejores si sabemos ser honestos con nosotros mismos.
    Un saludo y un abrazo fuerte Rocío y sigue escribiendo, tienes talento 😃
    Ánimo y se feliz 😉

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    1. Madre mía, Fernando, ¡has dejado huella en muchos escritos!
      Gracias por tu tiempo leyendo y comentando. Me alegra que hayas disfrutado conociendo esta parte de mí. Tienes mucha razón en lo que dices y sí, es curioso todo lo que la Biblia tiene de actual, ¿eh?

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