Dentro de nosotros, sin salir

Este último tiempo he podido observar y ser consciente de las vivencias personales y ajenas. Un tiempo donde han sucedido experiencias comunitarias e individuales. Es bonito tener con quién compartir y a quién escuchar. Y, por supuesto, quien esté a tu lado para acoger lo que se esté viviendo. También, he podido observar detalles. Unos hablan de preocupación y otros de desinterés. Muchos se acercan a la palabra amor y otros tantos a la de rechazo. ¡Cuántos actos suceden al mismo tiempo y tienen significados diferentes! Y son acogidos y percibidos de forma tan dispar… Sólo hay que entablar conversación con quien tenemos a nuestro lado en una misma vivencia o realidad. Los seres humanos somos seres especiales. No complejos. Sino muy completos. ¡Y esta totalidad abruma! Somos tanto y a la vez tan poca cosa comparado con el Universo.

Entre todos esos sucesos, también hay noticias escalofriantes en los medios de comunicación. Muchas de estas noticias sólo hablan de separación, de rotura, de olvido de nosotros mismos. Y, entre tanta noticia que nos hace plantearnos la esperanza, sólo me vienen unas palabras a la mente, un pensamiento que sé que es verdadero y garantía para vivir nuestra vida en plenitud: “Creados por Amor, elegidos para amar”. La escuché por primera vez hace diez años. Es el título de un libro que nos recomendaba o citaba una persona al darnos una charla a unas compañeras y a mí. Me parece una frase que sintetiza nuestro origen y nuestra misión, ¡cualquiera que sea! Lo importante es amar. Pensaba en estas personas que no aman, que deciden separar, romper u olvidar al otro igual. A su hermano.

Y sólo me sale pensar que les han confundido. Les han infundido una creencia falsa. ¿Qué importa que seas cristiano o no? Importa tu capacidad de recibir y acoger el Amor y, después, de darlo. ¿Qué importa si uno es más o menos que el otro? Importa tu capacidad de dejarte querer y, después, de hacer tú lo mismo, de escuchar y acompañar a tu hermano. ¿Qué importa si estás más o menos herido por la vida? Importa tu capacidad de esperar y, en ese esperar, tener la humildad de construir, de empezar de nuevo a vivir, a sanar, a acortar distancias contigo, con tu hermano y con ese Dios que, quizás, no te deja tranquilo. ¿Qué falta en el interior de cada uno? No es que falte es que no le dejamos brillar, salir del cascarón. Nos falta dar salida a ese Amor que nos hace ser, nos da la vida y nos hace capaces de recibir, acoger, querer, escuchar, acompañar, esperar. De… AMAR.

Es inevitable no acordarse de estas palabras de Madre Teresa de Calcuta: “No nos preguntará cuántas cosas hicimos, sino cuánto amor pusimos”.  Me llama la atención el verbo que utiliza “pusimos”, ¡nos implica de los pies a la cabeza! Y en ese poner está la voluntad, ¿queremos poner amor? ¿Nos va la vida en ello? Hago mi examen personal (aquí nadie se escapa). Y también miro la motivación de las personas de las noticias y de algunas que conozco que se dejan llevar por las heridas del pasado. En ellas no puedo reconocer el Amor en sus acciones, en sus palabras ni en sus creencias. Al conocer muertes de personas inocentes llevadas por personas que predican una religión de salvación,  visto desde fuera, sólo veo un acto egoísta, un querer “salvarse” a costa de la vida de inocentes, a costa de un acto bañado de maldad que al fin y al cabo es de muerte. ¿Qué les ha hecho la vida a sus personas?, ¿quién les ha bloqueado hasta ese punto?, ¿por qué son insensibles ante el horror y dolor humano? Ahora y siempre (no sólo cuando pasan estas cosas) queda compadecerse (y rezar). Pero, sobre todo, estar unidos. Y ese estar unidos no se entiende sin la comunión de corazones. Sin amor.

He observado y vivido mucho. Hay (todavía) esperanza. ¡A raudales! A veces ese estar dentro de nosotros, sin salir de nuestra pobre y pequeña mirada, nos impide verla, percibirla y vivirla. Es bonito dejarse contagiar por la vida, por la gente y por las oportunidades que hablan de apertura, de plenitud y de crecimiento. ¡Hay vida después de la muerte! De esa pequeña muerte que ha sido no encontrar trabajo, o que te dejara tu novio, o que no llegues a fin de mes. ¡Hay gente valiosa a tu alrededor! Gente que te conectará con tu vida y con el mundo en menos que cante un gallo, si te dejas encontrar y querer. ¡Hay oportunidades después de un fracaso! De esos pequeños fracasos al no aprobar tal asignatura o no conseguir ese puesto de trabajo, o fallar en tu proyecto personal. ¡(Todavía) hay esperanza! No se ha acabado todo. Aún es tiempo de amar.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Kioomi LR dice:

    Me quedo con la frase: ¡Hay vida después de la muerte!
    Es tan cierta tanto como fundamento de la fe cristiana y también puede aplicarse a nuestros pequeños fracasos personales, como tan bien lo has explicado.
    ¡Muchas gracias por compartirlo, Rocío!

    Le gusta a 1 persona

    1. ¡Kioomi, qué grata sorpresa! Perdona, te leí, pero se me olvidó darte las gracias por leerme y dejarme una huella de tu paso por aquí.
      Me alegra que te haya ayudado esa pequeña, pero profunda frase.
      ¡Nos vemos, un saludo!

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