Necesidad de perdón

¿Cuántas veces has pedido perdón? Y, ¿cuántas veces te han pedido perdón? Tanto una como otra son experiencias distintas y se viven en momentos muy diferentes entre sí. Necesitan su tiempo y maduración. Pero, a la vez, son dos experiencias que henchían el corazón, le libran de un peso opresor que impide mirar a la otra persona con paz. No estamos acostumbrados a perdonar. No nos han hablado de ese perdón de corazón sabiendo y siendo conscientes del daño hecho sobre alguien. Pocas veces ha salido de nuestra boca la palabra perdón reflejando coherencia en el actuar. ¡Cuántas veces ha sido una palabra echada al aire simplemente! Tampoco nos han preparado para acoger el perdón de otra persona. Es un momento delicado que necesita tener los cinco sentidos bien despiertos. La otra persona lo necesita, y nosotros también aun cuando no nos percatemos de hasta qué punto.

Desconozco si alguna vez te has parado a preguntarte lo siguiente, pues andamos siempre pidiendo o exigiendo que los demás nos tengan en cuenta. Y tú, ¿cuántas veces has pedido perdón? De corazón. De verdad. Queriendo dolerte de tu acto aunque el sentimiento o la emoción no acompañasen. Si no, no pidas perdón y espera a estar preparado. Pedimos perdón cuando hemos metido la pata, realizado algo erróneamente u olvidado alguna cosa. Ese tipo de perdón es más superficial, pero igual de necesario pues demuestra que la persona se preocupa por las cosas y quiere hacerlas bien. Denota responsabilidad y educación. Pedimos perdón cuando mentimos, cometemos un pecado o hecho daño a una persona. Éstas son ocasiones de un perdón más profundo, más a la raíz de la persona. Es el perdón más necesario de todos. Nos configura en el amor y en el respeto. Nos acerca a la mejor versión de uno mismo y nos hace vivir en la verdad.

Al igual que necesitamos pedir perdón, toda relación es recíproca: unas veces mete la pata uno, otras, el otro. Entonces, me pregunto ¿cuántas veces te han pedido perdón? De corazón. De verdad. Mirándote a los ojos o con la mirada en el suelo fruto de la vergüenza y humillación que ese acto supone. Nos piden perdón por el mismo motivo que nosotros pedimos perdón. Necesitan restablecer la relación, realmente les importamos y no quieren perdernos. Denota verdadera preocupación por la otra persona y responsabilidad sobre sus actos. Recibir el perdón de otra persona nos hace respirar, no enjuiciar y recomenzar con más ímpetu y esperanza. Que alguien nos diga esta palabra perdón hace vibrar algo dentro de nosotros. No sabríamos explicarlo, se experimenta para poder entenderlo. Sucede algo en nuestro interior que nos cambia la mirada y hasta el corazón.

¿Por qué esta necesidad de perdón? Porque todos necesitamos una segunda oportunidad. Y tercera, cuarta, quinta… Está en nuestra sangre: caemos una y otra vez. Somos débiles. Tenemos limitaciones y nos reconocemos imperfectos. Necesitamos perdonar para poder amar. Es un amor de acogida del otro, de lo que es diferente a nosotros. Si en nuestras relaciones personales no se respira el amor es porque hay un resquicio por donde se mete el orgullo o rencor porque no podemos dar una segunda oportunidad. ¿Qué pasaría si fuera al revés, si nos viéramos en la otra parte? Seguro que suplicaríamos ese perdón, lo necesitaríamos para apostar por nosotros mismos, para tener esperanza, para poder comenzar de nuevo. Y, también, para que la otra persona vea quiénes somos realmente si nos da otra oportunidad. ¡Cuánto necesitamos el perdón! Nos resetea, nos pone de nuevo mirando hacia el norte, nos ayuda a recorrer el camino correcto. Un camino donde reina la verdad y la sinceridad.

El perdón viene a unir esas dos piezas que no encajaban por algún motivo de discordia. Necesitamos perdonar para reconciliar lo que estaba roto, desligado de nosotros por rechazo. Cuando perdonamos o nos piden perdón, se crea un vínculo con esa persona. Hay paz, hay alegría y hasta nace una sonrisa en nuestros labios. Ese perdón nos permite tener una relación madura con esa persona. El vínculo se nutre de la confianza, de la sinceridad y de la autenticidad. Nosotros necesitamos perdonar para unir y que esos lazos no se rompan. Una humanidad unida llega más lejos y aporta al mundo entero prosperidad. El perdón nos vuelve sencillos de corazón. Se queda con lo que se puede mejorar y olvida lo que se hizo mal. ¿Es fácil perdonar? Para quien, en cada oportunidad decide dar el paso, es una buena costumbre. Fácil nunca es, porque hay dolor por medio. Lo que necesita el perdón es querer perdonar aun la dificultad o que el corazón no acompañe.

La vida es larga. Las relaciones personales van a acompañarnos toda la vida. ¿Por qué necesitamos el perdón? Para que nuestro corazón no se rompa en cada desencuentro con una persona. Para que no se oxide de malos pensamientos. Para que nuestro corazón siga bombeando y creyendo que es posible la esperanza. Para tener experiencia de una vida más alegre y menos pesada. Para ser conscientes de nuestra vulnerabilidad, para no creernos dioses y saber que necesitamos aprender a querer, a convivir y a relacionarnos. El perdón, tanto dicho como recibido, nos sitúa en el panorama personal y público. Uno necesita pedirse perdón por no ser fiel a sus creencias, por faltar a la coherencia de vida. Uno necesita pedir perdón a los demás porque sabe que no llega a todo. Uno necesita que le pidan perdón para poder caminar al lado de esa persona sin odio en su corazón.

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