#ElHumanismoExiste

Llevo un tiempo utilizando esta etiqueta en la red social Facebook. Nació de forma muy natural y también, de la necesidad de expresar. Más adelante fue como un grito ofrecido al mundo o, al menos, a la sociedad que me envuelve. Sociedad que no saca a la luz los gestos humanos, y no porque no los haya, sino porque no vende (¿me equivoco?). Los telediarios no hacen más que mostrar noticias tristes sobre la humanidad. Y, justamente, hoy estamos necesitados de recordarnos que somos un bien para el mundo, para los demás y para nosotros mismos. ¡Las personas somos un diamante en bruto!

Durante este pasado mes de septiembre he vivido situaciones conmovedoras gracias al contacto humano. Gracias a personas concretas. Gracias al diálogo fraterno y a la convivencia. He estado callada en el blog porque no he encontrado palabras para expresar todo ésto, pero también es cierto que ha sido un mes cargado de nuevas responsabilidades y lleno de numerosos encuentros que, sinceramente, me han sobrepasado y han impedido que pudiera sentarme y escribir. Lo hago ahora pasando de mi perfeccionismo sin molestarme un ápice el haber sido un mes en blanco. Os cuento ahora que he podido respirar y mirar atrás agradecida, ¡pues han sido días de dar gracias por todo lo vivido!

Es una sensación nueva a la que me he ido acostumbrando últimamente. La sensación de compañía, de cercanía, de gestos de amor concreto hacia mi persona. Una tarde decidí recorrer Valencia entera acompañada de tres personas. Tenía necesidad de mirar con ojos nuevos cuatro rincones. Quizás ellos tenían otra cosa que hacer, quizás el tener que aguantar el tráfico y consecuente gasto de gasolina fue un suplicio, quizás el dedicar unas palabras, siempre las mismas, a cada rincón se les hiciera cansino, quizás el escuchar mis historias en cada uno de esos rincones les angustió la tarde. Quizás… Pero, no fue así lo que vi en sus rostros. Me asombra la capacidad de donación que tenemos cuando queremos a alguien. No importan los quizás, importa la persona, importas tú, ¡importo yo!

Más. Este último curso he tenido el privilegio de que dos personas estuvieran pendientes de mis pasos. Más que pendientes, los custodiaron. Han puesto su mirada en mi camino, lo han caminado junto a mí, y me han dado la mano cuando hubo arenas movedizas y necesité aferrarme a alguien para pisar fuerte. Unas personas que nunca dijeron no, siempre estuvieron para mí. ¿Qué privilegio es éste? Y, ¿por qué lo tengo? Una ayuda desinteresada que bien vale una vida entera. Me asombra este pequeño gran gesto: poder llamar, escribir o visitar en cualquier momento, a cualquier hora. ¡Dime qué es esto sino humanismo del bueno!

Más. Cuántas experiencias humanas a través de convivencias para constatar que el humanismo existe. ¿Quién lo pone en duda todavía? Convivencias a lo largo de todo el año donde se me ha invitado a olvidarme de mí misma y darme al otro. ¿Apetece ésto? Cuando se recibe, sale solo, y hay como un sentimiento de deuda para con el otro. La multitud de gente no hace que se borre la personalidad de cada uno, el modo genuino y único de amar, sino que provoca una alegría profunda el vernos tan diferentes, tantos, y tan únicos pero iguales en una cosa: la humanidad. En cada gesto y en cada palabra, propios de una persona.

Más. No siempre son gestos, a veces y muchas tantas, son palabras. Estas palabras llenan y dan forma a una conversación. No hace mucho viví dos conversaciones que dejaron huella. ¿Qué hará que una conversación marque? La autenticidad de sus palabras,  intenciones y emociones, también el saber estar de los interlocutores, que viven la conversación con naturalidad, no adelantando nada sino gustando cada palabra a su tiempo. Palabras que ponen voz a la sinceridad, también a la humildad, a la duda, a la virtud, al miedo, al pecado, a la alegría, al dolor, a la ilusión, a la tristeza… A todo aquello que vivimos en un tiempo pasado y presente. Palabras que nos acercan y unen, y que pronunciadas en la verdad, nunca más nos separarán.

Más, todavía más. ¿Qué hay del sufrimiento? También hay espacio para él entre las personas. ¡El mejor para afrontarlo y vivirlo! Este mes pasado ha sido el turno de estar para otras personas y compartir sufrimientos con ellas. ¿Es menos atractivo ésto? No se trata de atractivo sino de vivencia personal acompañada. Quizás es ésto lo que provoca y hace preguntarnos acerca del humanismo. ¿Cómo puede ser que una más el sufrimiento, que saque lo mejor de nosotros mismos, que haga que la relación se estreche? Es poco el tiempo que llevo acompañando a estas personas, pero ya es mucho lo aprehendido y vivido: una gran comunión, fraternidad y una alegría interna. Se sufre, pero se sufre por amor, y éste aviva nuestras personas y las relaciones entre nosotros.

Sí, estoy feliz, me siento libre y soy yo porque #ElHumanismoExiste hoy y siempre, ¡hasta que el último ser humano desaparezca del planeta! Hasta entonces… ¡disfrutemos de su existencia, disfrutémonos en relaciones profundas, sanas y auténticas!

 

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