“…para que los demás pisen blando”

La compañía te regala momentos únicos. No se propone otra cosa sino estar para el otro. Es una presencia que bien notaríamos su ausencia si no la tuviéramos. Muchas veces la obviamos, no le damos valor o la importancia que se merece. Pero bien saben esas personas amigas que están sosteniendo tu vida sin tú apenas darte cuenta. Es un misterio a descubrir, a acercarse tanto como se pueda, a vivirlo sin miedo ni desconfianza.

Cuando tienes el privilegio de ser compañía para otros empiezas a intuir qué es esto, comienzas a adentrarte en este profundo pero bello misterio. Es ahí cuando conoces su valor y le das la importancia que está llamada a tener. Sólo cuando acompañamos reconocemos la compañía de los demás. Sólo cuando salimos de nosotros para acercarnos al otro podemos entender la necesidad de ser sostenidos y sostener al mismo tiempo.

Y justo en este punto, cuando ya hemos experimentado lo que es sostener a alguien y que alguien nos sostenga, podemos respirar. ¡Vivir! Sabemos lo duro que puede llegar a ser vivir hoy. Vivimos tiempos de incertidumbres, de grandes cambios, de miedos y terrorismo. Y por si ésto fuera poco, en nosotros también encontramos limitaciones, heridas, falta de sentido de nuestra vida…, que nos dificultan respirar. ¿Qué es respirar? Poder mirar nuestra realidad cara a cara, sin alterarnos, sin huir, sin mirar para otro lado, sin perder la paz ni el norte. Respirar para poder compartir lo que se vive. Respirar…, ¿por qué costará tanto?

Quizás somos muy nuestros, nos cuesta soltar, ceder ante el amor fraterno. Quizás nos cuesta tanto respirar porque nadie nos ha enseñado cómo hacerlo. Quizás nadie se ha puesto a nuestro lado a recorrer juntos la vida que tenemos delante. Quizás nos hemos acomodado a nuestro yo. ¿Por qué no dejarnos hacer, conocer otras formas, mostrarnos vulnerables? Puede que nadie nos haya enseñado cómo respirar tranquilos, puede que no hayamos tenido con quien recorrer esta vida, puede que seamos egoístas, pero… ¡ahí afuera tenemos la respuesta! No estaremos nunca solos si damos un paso al frente y buscamos, vivimos y compartimos. El hombre no fue creado para estar solo, nos va la vida en la compañía.

En apenas tres días he conocido y reconocido el gran regalo de la compañía. Primero, en una cena informal en casa de un matrimonio joven perteneciente a la fraternidad a la que me he acercado durante este curso. Nos reunimos allí una docena de personas para hacer un balance de lo que había supuesto este curso a la luz de las palabras trabajadas de D. Guissani y Julián. Compartimos cómo nos afectaron, qué cambiaron en nosotros o vinieron a reforzar. Y, uno tras otro, pusimos palabras a una experiencia personal que no hablaba de otra cosa sino precisamente de esta compañía, de este camino recorrido juntos. Descubrimos que sin el otro, no somos. Fue bonito comprobar que lo que los demás compartían se adhería a mí como un imán, aquéllo también lo había vivido yo. Una vez más, siendo compañía de ellos, me di cuenta de que yo podía respirar a pesar de todo. Escuchándoles, me mostraron otra forma de mirar y vivir la realidad.

Segundo, el hermano de una buena amiga se ordenaba sacerdote. A éste lo conocí a través de ella y poco a poco fue creciendo una bonita relación de amistad. Justo en los momentos clave, nos encontrábamos en plena calle. Y ahí se producía un momento de comunión fraterna. Él con su vida, yo con la mía, nos sosteníamos. Palabras llenas de esperanza. Así, hasta que me invitó a su ordenación. No he tenido este privilegio en mi vida. Fue la primera vez que conocía, de cerca, a una persona preparándose para ser sacerdote. Imaginaos la emoción de ver con mis propios ojos a este gran amigo teniendo a nuestro Amigo común entre sus manos, alzándolo en el momento de la consagración. Mentiría si dijese que no me emocioné. No me saltaron las lágrimas, pero mi corazón se conmovió. Compartir este momento fue una llamada a reconocer el bien y la alegría ajenas que repercuten en mi bien y alegría personal.

Tercero, quería poder respirar y por ello busqué quien me acompañara. Uno lo elegí para poder compartir, una vez al mes, lo que fuera viviendo, reflexionando o conociendo. Sé que ha sido una compañía, e importante, porque ha sido constante, paciente, una persona a quien acudir con total confianza sabiendo que siempre iba a estar ahí para mí.  La otra compañía me fue dada en un grupo de personas que a través de sus luchas y vidas, me han abierto un camino nuevo. Estas personas me han inspirado y han hecho que nunca tirase la toalla, que pusiera todo de mi parte, que fuera yo y me expresase con todo mi ser. ¿Cómo se agradece esto?

Un viejo amigo me decía, ¿entiendes ahora por qué te aconsejé que pusieras tu corazón en el suelo para que los demás pisen blando? Y no tengo otra explicación sino ésta para entender qué es esto de la compañía.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Santi dice:

    Unidos en Nuestro Amigo común hermana. Dios te bendiga!!

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    1. ¡Santi! Qué sorpresa verte por aquí por primera vez. ¡GRACIAS! Tienes un gran horizonte abierto delante de tus ojos… ¡Te esperan muchas personas, yo incluida! Un gran abrazo.

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