Tiempo de prueba

Ocurre siempre de la misma forma, ¿por qué no haberlo esperado? No podemos dormirnos. Y menos acomodarnos. Siempre nos han dicho que hay que estar en guardia, luchar, hacer frente a cualquier circunstancia. ¿Por qué? Porque si no, nos oxidaríamos. Y oxidados, no servimos para nada. ¿Para qué? Para vivir nuestra realidad desde nuestra humanidad. Pues así es como se vive intensamente.

¿Qué es lo que ocurre siempre de la misma forma? El vivir una profunda experiencia durante unos días, llenándonos de alegría, incluso de esperanza, conociendo una nueva forma de enfocar nuestra realidad, y encontrarnos el día después con una no grata experiencia que hace temblar todo aquéllo. Llega incluso a hacerlo invisible, casi imperceptible de repente. Hemos recibido un revés: una llamada, una noticia… Somos así de débiles, ¡no sabemos degustar todo lo vivido haciéndolo durar, viviendo esa llamada o noticia precisamente a través de ello! Sólo así puede acontecer aquéllo en el día a día, permitiéndonos respirar. No habría ya nada que nos quitara la paz.

¿De qué hablo? De la prueba. Parece un examen final. ¡Se nos nubla la vista! ¡La mente se nos queda en blanco! ¡Temblamos, tenemos miedo! Y éso sólo es un síntoma superable, lo podemos combatir serenándonos, acudiendo a nuestra memoria, estando acompañados, sabiéndonos amados. ¿Qué es lo que la prueba pone a prueba? A nosotros mismos. Todo lo que somos, todo lo que hemos vivido, todo lo que hemos acogido hasta entonces… ¿es realmente lo que queremos ser, vivir y acoger una vez más? O, quizás, nos vemos tentados a dejarnos llevar por el miedo y olvidarnos de todo aquéllo.

O, quizás, no, y resulta que precisamente por eso que somos, hemos vivido y acogido nos levantamos de nuevo, elevamos nuestra mirada y seguimos caminando. ¡Porque vale la pena! ¿Qué es lo que vale la pena? Lo que acontece alrededor de ese querer seguir caminando. Y no sólo lo que acontece de esa voluntad, sino con ésta: auténticos milagros. Y porque esta voluntad viene de nuestra debilidad, se fortalece de la voluntad de otros. ¡De la compañía! Primer milagro: hubo una (inesperada) noticia y con ella un llamamiento a sostener a una persona con dificultades serias de vida. Ese llamamiento fue acompañado de una respuesta inmediata, sin pereza, sin intereses, verdadera. Desde el primer día hasta hoy no han dejado de sucederse visitas a la Unidad de Cuidados Intensivos.

En esa compañía surge el segundo milagro: una (inesperada) conversación entre dos personas que no se conocían. Una es hermana de la persona en cuidados intensivos, la otra es amiga de ésta. Y, de forma natural, intercambian testimonios. Éstos las acercan, de éstos nace una nueva relación y necesaria en los momentos que se están viviendo. Un (inesperado) apoyo para ambas. Así, la espera, la incertidumbre, el momento de oscuridad y desesperanza se hacen frente. No hay nada como el sabernos acogidos y acompañados para poder seguir dando un paso hacia adelante., sea cual sea nuestra circunstancia. Y es curioso que donde se dan estos vínculos, tan fuertes y creados en un instante, sea en un hospital. Aquí es donde se puede conocer de qué va la vida. Nos despierta. Nos conmueve. Nos hace salir de nosotros mismos interpelados por el otro: por su dolor, por su sufrimiento, por su historia, por su vida.

Del salir de uno mismo surge el tercer milagro: el marido de nuestra querida persona en cuidados intensivos. La palabra donación está encarnada en este hombre. Es increíble cómo la persona que menos se espera uno, sea la que refleje serenidad, esperanza, confianza en Dios y comunique con sorprendente entereza. Y uno se pregunta ante este testimonio, ¿de qué va esto? De fe, de cómo emerger de la prueba. De que Dios (sí, Él, no puedo callármelo) nunca nos da algo superior a nuestras fuerzas. Y sabe a quién se lo pide. Al final son estas (probadas) personas las que, precisamente a través de esa prueba, nos dan un testimonio valiosísimo. Nos provocan desde el minuto uno. La fortaleza la tienen ellas,  como la esperanza y alegría en la enfermedad. Esto es de locos, pero de locos de amor humano y divino. No puedo entender otra cosa si no.

Y mientras vivimos esta prueba, aparece otra. De nuevo, una persona con serias y muy graves dificultades de vida. Seas creyente o no, eres humano, necesito que las tengas en tu mente y corazón. Gracias. Todo, por pequeño que sea, suma.

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