Sólo por hoy

Hace apenas una semana que una de mis hermanas cogió un avión. No explicaré adónde fue ni por cuánto tiempo, pues ése no es el tema en cuestión. Ella realizó su rutina con nerviosismo e incertidumbre, pero lo tenía todo dispuesto, calculado, pensado. Cogería ese avión, al aterrizar un autobús y después un tren hasta su destino final. Y es en ese itinerario con sus tiempos donde quiero hacer hincapié. Mientras ella iba realizando todos esos pasos lejos de su tierra natal, en ésta sus familiares velaban por su aterrizaje y por todos esos pasos secundarios. ¡Qué sufrimientos se aglomeran en sólo un instante! El disponer de dispositivos con datos y posibilidad de conectarse a una red Wi-Fi, nos ha hecho sufrir más si cabe. Queremos saber, necesitamos saber, instamos saber al instante, sin esperas, sin interferencias y con una información de calidad, completa.

Y me preguntaba dónde quedaba la confianza y la esperanza en todo esto. La confianza en la persona que viaja, en todas aquellas que hacen posible ese viaje, y en la ciudad que albergará a esa persona viajadora. La esperanza en dejar ser, en soltar lo que no es nuestro. No es nada fácil en los tiempos que corren. ¿Imposible? Tampoco. Sólo hay que ejercitarse. Y queda la duda de si en tiempos anteriores existía tal confianza y esperanza, y si existía, cómo la vivían sin esos dispositivos. Antes sólo conocían por medio de carta, por una llamada que bien costaba un sueldo o, desgraciadamente por el periódico si había ocurrido un accidente. Pero, ¿hay necesidad de acudir al drama cada vez que se viaja o alguien emprende una aventura? Es cierto que el amor hacia esa persona nos mueve a preocuparnos, pero nada más lejos de eso. Aun hoy, hay motivos para tener confianza y vivir en espera.

Si aprendemos a dejar ser, si cortamos los hilos que nos unen a las cosas y a las personas, y las soltamos. ¿Es así como se vive confiando y esperando? Contesto con otra pregunta, ¿qué es confiar sino apostar por alguien o algo; qué es esperar sino amar a ese alguien o algo? Cuando confiamos estamos dejando que esa persona o acontecimiento sea o acontezca libremente, sin ataduras, tal cual es. Cuando esperamos estamos dejando que esa persona o acontecimiento nos asombre, nos llene con algo nuevo, tal como ha sido creado. Hoy no confiamos plenamente ni esperamos completamente. Hoy, las prisas y el saber que podemos conocer todo al instante, no deja espacio a que lo otro o el otro nos sorprenda, nos llene, nos haga crecer en la espera y en la confianza, y así confirmarnos que existe el Bien y la Belleza. Si nos cerramos a la confianza y a la espera, difícilmente nuestro corazón estará preparado para ver.

Confiar, con fe, ver aunque no se vea. Esperar, de esperanza, ser paciente ante el regalo. Hemos matado nuestra mirada y nuestro corazón paciente con las prisas y el control sobre las personas y los acontecimientos. Hemos matado al asombro cada vez que dejamos que un dispositivo electrónico entre en nuestra vida y rutina de una forma desequilibrada y arrolladora. Hemos matado nuestras virtudes de la confianza y la esperanza cada vez que nos dejamos dominar por el miedo y la incertidumbre. ¿Cómo dar muerte a estos dos sólo por hoy? Eso es, sólo por hoy, ¡viviendo en presente! Confiando el pasado a la misericordia y esperando el futuro en la Providencia. Mientras tanto… ¡Sólo por hoy viviré el momento presente! Es así cómo, poco a poco, crece nuestra confianza en las personas y acontecimientos porque los dejamos ser en ese preciso momento. Y es así cómo, poco a poco, crece nuestra esperanza en todo aquéllo pues dejamos las puertas abiertas al presente, a ese regalo que la Providencia nos tiene preparado cada día.

Sólo por hoy debe ser nuestro modus vivendi, nuestra gran misión, nuestra única preocupación, nuestro único anhelo, nuestra única batalla. Sólo por hoy vivamos, amemos, compartamos, escuchemos, ayudemos, recemos, conversemos, acojamos… el momento presente.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. lydiadux dice:

    Así es. “Sólo” por hoy, porque hay un destino bueno para nuestra vida.
    «Feliz tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá» (Lucas 1:45)

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    1. ¡Y qué destino! Gracias, Lydiux, por mostrar tu cabecita por aquí de nuevo. ¡Te echaba de menos! Qué paz me ha dado al leer la cita que me has regalado. ¡Nos vemos muy pronto!

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