Feliz… realidad

Si hay una fecha señalada en el año, ésa en la que todo el mundo se para ante ella y contempla, es el 25 de diciembre. Quizás no es sólo ese día, sino los que lo envuelven y los que le siguen. Esto no lo pongo en duda es un hecho, concretamente, un hecho social. Cada año compruebo cómo las personas de mi alrededor se transforman. Bueno, más bien todo su alrededor, y sobre todo sus vidas.

La Navidad, ¿qué tendrá? No sé si es esto lo que tengo que preguntarme, ni lo que la gente se pregunta. Más bien, todo esto se ha convertido en un hecho, sí, pero social. Y se olvidan de que fue un hecho tal cual, un Acontecimiento. Aquél revuelve las vidas por donde pasa, y éste las ordena. Las “Navidades”, si fuera un plural dirigido a que la Navidad sea cada día de nuestra vida, lo acepto, sí, lo acojo. Pero, las “Navidades” me temo que van de la mano del hecho social. En cambio, la Navidad sigue el curso del Acontecimiento.

Veo personas que temen la llegada de las “Navidades” porque supone revolver, remover aquí y allá. Sacar cosas para poder meter otras más. Teme el calibre del ambiente que encubre las “Navidades”, el no poder estar a la altura, el no vivirlo con las personas que se quiere. Temen enfrentarse a las “Navidades” porque darían paso a la Navidad. Se encontrarían cara a cara con sus vidas. Como se trata de revolver todo no hay salida posible con todo en movimiento, y hacen un tanto de lo mismo… hasta que se encuentren un día con que aquéllo sólo les mantiene en movimiento y para nada en camino.

Veo otras tantas personas ancladas en las “Navidades” en todo su esplendor: siguen las veredas del consumismo, engañadas por la etiqueta de “felicidad” que hay en todos sus productos. Un consumismo que se ha ahogado a base de tratar mentira tras mentira incapaz de aceptar una verdad. Un Acontecimiento que desancla, que no tiene etiqueta, sino que vale por sí mismo. Una verdad que deshace el engaño y hace que todo cuanto se vive no necesite de añadidos, de productos estrella ni de burbujas felices. El Acontecimiento se vale por sí mismo porque se da él mismo. Quien viene con manos vacías es el que más se da porque no llena aquéllas de cosas ajenas a su persona. La “Navidades” pretenden llenar nuestras manos perdiendo nuestra esencia por mucho que nos convenzan de que todo eso se acerque a ella.

Y nos plantamos de nuevo en esta fecha con un pie cambiado, quizás. Con la casa por barrer, con los planes por hacer, con nuestra vida por ordenar para poder ofrecer nuestra mejor imagen. Ésto es lo que busca las “Navidades”. Nada mejor que ofrecer nuestra mejor imagen teñida, plastificada, construida a base de todas aquellas etiquetas de “felicidad”. Y la Navidad busca totalmente lo contrario: el verdadero rostro. Quiere ver nuestra casa tal cual, nuestros planes desplanificados, nuestra vida falta de maestro de ceremonias… La Navidad busca nuestra realidad, sin añadidos. El 25 de diciembre es una fecha marcada a fuego en nuestro corazón para bien o para no tan bien, porque nos interpela. Puede que estemos incómodos o muy cómodos ante este día. Incómodos porque vemos que las “Navidades” brillan más que la Navidad. Muy cómodos porque vemos que las “Navidades” acampan en nuestro día a día y no hay sitio para la Navidad.

Y, decía, nos plantamos de nuevo en este fecha de la que no podemos desviar la mirada. ¿Por qué será? Quizás porque en esas “Navidades” traten de acercarse a la vivencia de la Navidad. Hay un mismo latir o sentimiento que brota de corazones más generosos, familiares e incluso detallistas. Hay una mirada más cercana, amable y puede que hasta misericordiosa. Hay conversaciones que no esconden la realidad de las personas que se enfunden en ellas. Hay encuentros. Las “Navidades” anhelan éstos porque la Navidad se trata de un encuentro. Vivimos estas fechas metidos en un frenesí que deja de lado un pararse y mirar tranquilamente, coger gusto a contemplar lo que se tiene delante o al que se tiene la dicha de tener en frente. Las personas que viven las “Navidades” planifican, llenan de personas y encuentros sus días. Casi sin respirar repasan su lista de contactos y tratan de no dejar fuera a nadie. Las personas que viven la Navidad dejan que acontezca, no planifican, dejan que sea otro quien lleve el ritmo de las cosas. Han estado un mes abandonados a la espera, una espera donde descansa la esperanza.

Sí, las “Navidades” están llenas de encuentros con todo tipo de personas y rangos sociales, de experiencias que brotan alegría y unidad. Muchas de estas experiencias tienen como base la fraternidad o la amistad. Y no hay que olvidar que la Navidad es un encuentro que precede a aquéllos. Un encuentro que cambió y cambia la historia. Nuestra historia, no histórica sino personal. Sí, las “Navidades” es un hecho social, propio de personas sociales como somos nosotros, pero la Navidad es un hecho, un Acontecimiento que trasciende nuestras personas como seres trascendentes que somos. La Navidad no puede trascender nuestras vidas si nuestras personas se quedan ancladas en las “Navidades”.

La Navidad llega un 25 de diciembre para mirar nuestra realidad, acogerla, llenarla de valor, lanzarla hacia miras altas y bendecirla, es decir – acogiéndome a la definición de la RAE -, alabarla, engrandecerla, ensalzarla.

Así que… ¡Feliz realidad!

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