Hacer limpieza

A veces las cosas más cotidianas son las que nos llevan a trascender. Quizás no lo hacemos en el momento, pero al cabo de un tiempo o justo cuando se realizan, uno se ve sorprendido por trasladar esa cosa, aparentemente sin sustancia, a un terreno más profundo, más espiritual o más trascendental. Y así es, así fue cómo me sucedió a mí hace un par de días. Todo pasó por culpa de un cable. En concreto, el cable de la televisión. ¿Cómo trascender con ésto?

Un cable para gobernarlos a todos… Nos tenía a todos pendiente de él. No vemos televisión por vicio, la verdad, pero justo dependía algún plan de ella. Si no hay cable enchufado, no hay plan. Así de claro. Un armario enorme que mover y… ¡cuánta suciedad detrás de él, en él y con él! Nos avisaron que llevaba así dieciséis años. Uno se pone a contar año tras año y ¡son una barbaridad! Normal la cantidad de porquería que salió de aquellos dos metros de largo por uno de ancho. Y ahí fue donde comenzó todo.

A medida en que se sacaba el armario hacia afuera, iba pensando en las pocas veces en las que me he dejado mover, dar mi brazo a torcer. ¡Ser movida por otro! Tanta soberbia, tanto orgullo, tanto querer dejar mi impronta en todo. Sin entender que dejándome guiar por otro no estaba perdiendo mi personalidad, sino que la estaba incluso limando. A vece nos equivocamos en el planteamiento poniéndonos en el primer lugar, jefes redactores del plan a realizar cada día. Y claro, en cuanto surge cualquier improvisto que emerge con una voluntad imperiosa, nos vemos desplazados de ese puesto y nos hundimos, hacemos imposibles para recuperarlo y acabamos sumergidos en un egoísmo que poca cura tiene si no nos dejamos hacer, si no dejamos que esos imprevistos nos moldeen. ¿No pensáis que para eso están? Para hacer que nos olvidemos de nosotros por un rato. Nos hacen mucho bien si sabemos recibirlos de esta forma.

Después, pasamos a barrer toda la suciedad que se había ido acumulando tras el paso de los años. Motas de polvo que, juntas, formaban una gran montaña gris, seca, sin brillo. Y así es nuestra vida si cada día nos vamos abandonando, si no hacemos el bien que está en nuestra manos. Ese bien pasa a quedarse apagado, gris, se acumula oxidado en nuestro interior. Queda asfixiado y podrido por no darle salida, aire fresco, oxígeno puro y limpio. Cuántas veces no he sabido aprovechar los días, acostarme con una sonrisa en la cara por haber dado todo lo que estaba de mi parte. Cuántos momentos obviados, cuántas omisiones por sólo mirar a mi ombligo. Cuánto polvo se ha acumulado en mi alma por acostumbrarme a estar fija sólo en una persona y olvidarme del resto. Y mota a mota, esa suciedad empieza a asomar por algún resquicio que encuentra. Es, en ese mismo momento, cuando debemos limpiar.

Tras barrer, tocaba pasar el mocho. Un poco de agua para devolver la vida a esa zona, para purificar, para limpiar el color oscuro que se había quedado impregnado. Bastó una pasada para que aquéllo quedara como el primer día: reluciente. Y así es cuanto pasa en nosotros si dejamos que nos limpien de pies a cabeza con una gracia especial, que nos convierta, nos cambie completamente. Una suciedad acumulada tantos años no puede limpiarse con cualquier cosa. Un hábito, una forma de ser, de comportarse, unos afectos acomodados, necesitan de un cambio radical, de una voluntad recia y decidida, de unos actos concretos… ¡de un compromiso sincero y constante! La misma alegría de ver todo limpio, el mismo gusto de haber hecho lo que se tenía que hacer tras dieciséis años, ¡eso es lo que quiero experimentar en mi vida! Y se puede, ya la estoy viviendo, ya lo estoy gustando.

Al igual que la limpieza de aquel mueble y de aquella zona se hizo con la ayuda de los caseros de mi piso, así debe ser en la vida de cada uno. Y de ese modo estoy limpiando mi vida también, con la ayuda de unas personas concretas, pero también, de todas aquellas personas que tengo a mi alrededor y que constantemente me proponen salir de mi egoísmo, ¡son imprevistas! Tan inoportunas pero tan oportunas para ayudarme a limpiar, a hacer limpieza y crecer sana y salva.

 

Anuncios

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. M.M. de Jesús dice:

    Que el Señor te siga guiando…
    Feliz día de la Inmaculada.
    Un abrazo

    Le gusta a 1 persona

    1. AMEN.
      Claramente es Él con la ayuda de la vida y circunstancias que me rodean. ¡Feliz día de la Inmaculada! (por ayer). Saludos valencianos.

      Me gusta

Tu turno

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s