Volver en sí

Unos luchando por identificarse con su sexo y  su correspondiente género y otros desligándose de él. Unos yendo hacia el lado cercano a su ser y otros yéndose hacia el de sentir que les aleja. Unos acudiendo a su naturaleza biológica y otros olvidándose de ella. Unos defendiendo una cosa y otros proclamando otra. ¿Por qué esta guerra de sexos, de géneros, de identidades? En definitiva, de sentirse así o asá.

Es impresionante, y diría escalofriante, cómo se ha destapado la cubierta de la confusión.  Y cómo ésto ha provocado que afloren todo tipo de combinaciones de identidades y sentidos biológicos. Parece que ha sido todo de la noche a la mañana. Ahora puedo ser lo que quiera. Lo que sienta. Lo que me brote. Ahora puedo ser todo eso en detrimento de quién soy. Parece que todos hemos olvidado quiénes somos y, en consecuencia, cómo somos por nuestra identidad del ser. Compartimos raza. Compartimos espíritu. Compartimos raíces. Somos hombres y mujeres. Vivimos como hombres y mujeres. Nos relacionamos como hombres y mujeres. Y nos complementamos, fuimos creados, hombre y mujer, para ello. ¿Cuándo hemos olvidado esto?

Hemos construido tapaderas. Tapaderas que esconden quién soy. Quién soy yo realmente. ¿Por qué existen versiones de cosas? Porque en algún punto no se está conforme con su forma, tamaño, color. Porque no acaba de gustar. Porque otros lo critican. Porque no convence del todo la cosa original. Y así, llegamos a la necesidad de modificar al libre albedrío unas veces, y otras sabiendo lo que se quiere pero sin sentido. Y ésto se convierte en algo normal, aceptado por todos aun si va en contra de leyes y naturalezas.  ¿Por qué esta necesidad?

Identidades múltiples, sexos múltiples, géneros múltiples, tendencias múltiples. Tanto múltiplo desconecta de quién soy, de cómo soy. Parece un buffet libre: puedes elegir según te convenga, mezclando una cosa con otra, sin importar el eje central. Tanto donde elegir descentra, desvía del camino recto hacia una meta concreta: quién soy. Al final se va perdiendo la esencia. Se queda el cuerpo sin el ser. Y cuando al cuerpo se le quita su ser, no es nada y puede ser lo que quiera.

Nacemos personas humanas. Nacemos niños o niñas. Nuestra biología nos los dice, no miente. No es cuestión de sentir una cosa u otra. Como la naturaleza humana, hombre y mujer, fue creada para habitar la tierra y que le diera vida, aquéllos se complementan. Necesitan del uno y del otro para ello. Necesitan del uno y del otro para ser completamente. Necesitan del uno y del otro para conocerse mutuamente e individualmente. La sociedad necesita que los hombres sean hombres, y las mujeres sean mujeres. Todos necesitamos que el de en frente sea quien es. Sea como es. Que no se esconda. Que no modifique su ser. Que no trate de dar muerte a quién es.

Las tapaderas aparecen cuando uno no se reconoce o, simplemente, no se conoce. Cuando ha habido un salto en el crecimiento emocional, afectivo, psicológico, sexual… Cuando desde fuera aparecen los comentarios despectivos. Cuando no se es querido. Cuando no se es aceptado. Cuando se ha sufrido abusos. Cuando se ha vivido despaldas a la realidad. Cuando aparecen las críticas. Cuando asoman las comparaciones. Cuando se sufren exigencias ajenas. Cuando no se alcanzan las expectativas de los demás. Cuando no se respira ni vive amor verdadero. Las tapaderas aparecen cuando desaparece el amor propio. La autoestima. Aparece ésta fruto de todo aquéllo. Y se comienza un círculo viciosos: donde hay desprecio, abusos, exigencias, comparaciones, críticas… aparece el no me quiero… No me gusto… No me identifico conmigo… No me siento yo… No me veo mujer/hombre… Y de repente… ¡Quiero ser otra cosa! ¡Quiero otra cosa! 

Las tapaderas esconden heridas que no se quieren ver de frente. Se piensa que se puede vivir dejándolas al margen, que uno se hace más fuerte por ello. Y, justamente, cuanto más fuerte más difícil de verse débil, necesitado de una mano que una esas heridas con quién soy. ¿Acaso se puede vivir así? Un día fuimos heridos. Un día todo cambió y nos cerramos en banda. Un día decidimos cerrar las puertas de nuestras heridas. Con ello sólo conseguimos apartarnos de quién éramos y quién podríamos ser hoy si de verdad las mirásemos de frente. Reconstruir. Está herida la identidad pero no perdida. La identidad sigue aun las tapaderas. Sólo hay que ir a las heridas para romper de lleno con esas tapaderas, con las invenciones, con las construcciones sociales.

Sin mirar afuera. Mirar adentro. Volver en sí. Volver en ti.

 

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