La vulnerabilidad se abre paso

Quizás no nos lo han dicho con claridad cuando éramos pequeños. Hemos crecido con una idea falsa en nuestra cabeza. Nos movíamos con cierta distancia por miedo a mostrarnos. Y así es cómo, poco a poco, finalmente hemos sucumbido. ¿Qué tiene de malo la vulnerabilidad? Parece que sucumbir a ella sea una derrota pero nos hemos olvidado de algo que marca la vida de las personas: que la vida es en sí misma un afecto. ¡Cómo no verse afectado y, por tanto, vulnerable! Así es, un descubrimiento que pocos hacemos o si lo llegamos a descubrir, nos parece que ha sido demasiado tarde. Y yo me pregunto, ¿por qué es tarde cuando la dicha es buena?

La dicha de saberse limitado y necesitado. Seres humanos que no vivimos por y para nosotros mismos, sino por y para los demás, y gracias a ellos, vivir; traspasando esos límites y cubriendo esas necesidades. La RAE dice que una persona vulnerable es aquella que puede ser herida o recibir lesión, física o moralmente. ¿Quién podrá herirla si cuenta con el escudo de la fraternidad y de la comunión humana? Con este escudo el ser humano puede alcanzar parte de esa felicidad que busca aquí en la tierra; se ve capaz de todo lo bueno e incluso de eso bueno que parece imposible. Gracias a ese escudo puede mostrarse tal como es: afectado por la vida.La vulnerabilidad permite que sepamos cómo cada persona de nuestro entorno (amigos, familiares, conocidos, compañeros) se ven afectados por vivir. ¿No buscamos respuestas en esta vida? ¡Fijémonos en el de al lado, conozcámosle! Si encuentra ese escudo del que hablaba antes, esa persona se abrirá y se mostrará tal como es, y de este modo, podremos conocer la vida desde otra perspectiva. Encontraremos respuestas a nuestras preguntas sobre quiénes somos, por qué nos comportamos de esta o de aquella forma, qué es lo que nos hace crecer o quemarnos por dentro, cómo vivir en libertad.

Los erizos tiene unas púas que, a simple vista, parecen afiladas y pinchan. Y cuando nos encontramos con uno cara a cara, lo tomamos en nuestras manos y pasamos una mano acariciándolo, nos percatamos de que ni están afiladas ni pinchan. Así pasa con nosotros, humanos, cuando nos damos a conocer, cuando permitimos un encuentro cara a cara. A simple vista parece que podemos hacer daño al de en frente porque sabemos de lo que es capaz el hombre, de su interés egoísta o, simplemente, no nos gusta que se manifieste contento, triste, feliz, dolido, angustiado, cansado, llore, ría, salte, duerma, tirite, baile… ¡Lo vemos una amenaza para nuestro yo cohibido!Entonces, un día nos encontramos con esa persona y empezamos a hablar, a compartir momentos y esas púas (egoísmo) aparentemente afiladas, desaparecen y se tornan en un campo suave. La vulnerabilidad reconocida como una debilidad no es una amenaza, sino una oportunidad para conocernos. Una debilidad que nos hace fuertes. ¿Quién no ha encontrado firmeza después de darse a conocer (vulnerable, afectado) en confianza con un amigo, con un familiar, con un compañero de trabajo? 

Verse vulnerable no significa verse impotente, así lo ven quienes pierden la esperanza. Quien se ve vulnerable sabe que va por el buen camino porque, sin perder la esperanza que encuentra en los demás, recorre el camino de la vida conociéndose y aceptando que hay cosas que él solo no puede resolver, y se ve necesitado de los demás, de la naturaleza y de Dios. Todo esto le hace salir de él mismo y por tanto, darse. Lo que le hace salir de él mismo es la confianza que encuentra en quien le conoce mejor, en quien le acoge y escucha (un amigo en la tierra y el Amigo en donde quieras). En la vulnerabilidad conocemos nuestra debilidad, y quien conoce su debilidad y la da a conocer para vencerla es fuerte. Fuerte es quien reconoce que es débil y, pidiendo ayuda, no se deja vencer por sus debilidades y se permite sonreír en ellas.

¡Sonríe, la vida es un afecto!

 

Anuncios

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Peta Zeta 2 dice:

    Una cosa es reconocer la debilidad y otra la autocopasión, la autocondescendecia, darse pena a uno mismo y dar pena a los demás, y estar siempre o a veces quejándose de todo y por todo. El cristianismo no tolera el “no puedo, que me lo haga otro”, ni el “esto me supera”. Porque la debilidad no es otra cosa que dejar el corazón abierto de par en par para que se cuele la Gracia hasta la cocina y nos haga el trabajo, todo, siendo nosotros mero instrumento del Señor; y cuanto peor es la coyuntura más nos ayuda Dios.

    Resumiendo, ni el quejica ni el llorica son cristianos.

    Le gusta a 1 persona

    1. ¡Bienvenido, Peta Zeta 2! (curioso tu nombre, ¿nos conocemos?) Gracias por pasarte, leer y comentar. Estoy de acuerdo con esa matización que has hecho, pues quien vive de ese modo su debilidad no es más que por hacerse notar no siendo humilde, acaparar la atención cuando no es ese el fin de su existencia. Y también estoy de acuerdo con la actitud propia del cristiano que no es “ni el quejica ni el llorica”. ¡Reconozcamos nuestras heridas, dejémoslas abiertas a la Gracia y que corra un río de gracias por ellas! Saludos.

      Me gusta

Tu turno

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s