La (necesaria) batalla contra el cuerpo

El hombre no tiene cuerpo, sino que es su cuerpo. Lo que hagamos con nuestro cuerpo nos lo hacemos a nosotros mismos. Yo no soy yo y luego mi cuerpo, sino que cuerpo y alma van de la mano, uno con y en el otro. Quien pensare lo contrario que se corte una mano y me diga si le duele algo más que el cuerpo, si ese corte no repercute en su ánimo, en su psicología… Y no sólo ya un corte sino el uso que hagamos con nuestro cuerpo cuando nos exponemos a una relación sexual, a un aborto (en el caso de las mujeres) o a un simple desfile de modelos.

Llegar a explorar con nuestro cuerpo solos o en compañía, manipularlo al máximo sin importar las consecuencias morales, sacarle el máximo partido solos o en compañía, explotarlo sin límites… Lo único que saco en claro de este lenguaje es que a las personas se nos trata como objetos, es más, somos mercancía. Carne fresca para los depredadores. ¿Exagero? Quien no se sienta insultado, menospreciado, desamparado por todas las leyes, eventos y discursos que no dejan de pulular por nuestros ojos y oídos que levante la mano. El problema no está en unos pocos que piensan y obran sin importar el mal que pueda haber en aquéllo, sino el que esté metido en nuestra vida ya es un problema. ¿Que no sabía que el mal existiera y que está en cualquier menudencia? ¡No sabía que lo dejáramos acampar a sus anchas y con tanta desvergüenza! Parece como si llamara a nuestra puerta y, nosotros con una sonrisa en la cara, abriéramos sin reparos ¡Tentación (y después), pecado, bienvenidos! Pasad, pasad!“, sin reflexionar antes por un segundo.

¿Por qué escribo todo esto? Por el Festival de las artes eróticas y pornográficas. Qué orgullosa me siento de que Valencia, mi ciudad natal, sea “capital del sexo”. Me llena de satisfacción que se nos conozca y valore por acoger semejante evento (irónico).

  • Festival: 3. m. Conjunto de representaciones dedicadas a un artista o a un arte (Definición de la RAE).
  • Arte: 1. m. o f. Capacidad, habilidad para hacer algo. 2. m. o f. Manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros (Definición de la RAE). 
  • Erótico: 1. adj. Perteneciente o relativo al amor o al placer sexuales. 2. adj. Que excita el deseo sexual (Definición de la RAE).
  • Pornográfico/a: adjetivo Que describe, presenta o muestra actos sexuales de forma explícita con la finalidad de excitar sexualmente (Definición de Google).

Entonces, estamos ante unas representaciones de habilidades humanas para excitar el deseo y placer sexual, y todo ello de forma explícita. ¡Toda una semana en torno al placer y el deseo sexual! Luego que no se quejen de nuestro nivel educativo, nuestra verdadera cultura, nuestra falta de valores. Vivimos en un mundo donde el placer es el poder, donde nos olvidamos de nuestra riqueza más preciada: nuestras personas (toda una: cuerpo y alma). Cuando se nos trata así, a medias, no se nos está tratando propiamente. Ese cuerpo no tiene nombre. Mi cuerpo (sin nombre) se relaciona con tu cuerpo (sin nombre) y queda la nada, el vacío. Más madera para el problema de pérdida o búsqueda de la identidad personal.

El manifiesto que han elaborado para este festival no tiene desperdicio, no por lo que van a realizar sino por las frases contundentes que lanzan, principios que viven sin reflexión de sus personas. ¿Que por qué escribo esto? Por sentir lástima y asco. Raramente uno estos dos pero ante un evento como este no puedo sentir otra cosa. Lástima por la ignorancia o por la sabiduría ignorante, por el olvido de la verdadera sexualidad. Asco por la falta de respeto que se tienen a ellos mismos y por ende al resto de personas por el mero hecho de tratarse y tratarnos como mercancía, objeto de placer, sea como fuere y de las formas más diversas (muchas de ellas impensables, pero claro, la imaginación y el deseo son muy poderosos).

Amor al sexo. Una sexualidad fuera de su contexto no puede amarse. Una sexualidad entendida y vivida independientemente de su contexto no puede amarse. Una sexualidad que esclaviza no puede amarse. Una sexualidad que encadena la libertad no puede amarse. Una sexualidad donde se pierde la identidad personal no puede amarse. Esclavizarse, perder la libertad y con ello sus personas, son las consecuencias de una vida basada en la pornografía; porque dentro de ésta no hay más que insensibilización, adicción, daño, degradación del matrimonio, vuelve violento y criminal… ¿No han leído casos, visto números? ¡No es para estar de celebración y crear estos festivales! Hay mucho dolor, desengaño, suicidios, desesperanza, sufrimiento, pérdida de autoestima, muertes, desconfianza y un largo etcétera cuando destapamos la caja de la pornografía y profundizamos en ella.

Cuando profundizamos en ella vemos que aunque sea leve hace daño a quien la ve o se expone a ella. Se hace un sitio en nuestras relaciones personales y en nuestra moral dejándolas manchadas. La pornografía llega a insensibilizarnos haciendo que condicione nuestros actos sexuales, disminuye nuestra sensibilidad (la de hombres como la de mujeres) y por tanto, abre una vía a la violencia sexual al traspasar límites no franqueables. Causa adicción, un querer más y más porque ese deseo es insaciable, provocando así que en las relaciones sexuales se busque saciarlo haciendo uso del sadomasoquismo y llegar a alcanzar el nivel de excitación sexual vivido anteriormente viendo pornografía. La pornografía, por romper de lleno con el amor de donación, degrada al matrimonio. Tanto el marido como la mujer creen también que deberían realizar los actos que han visto, si no se sienten insatisfechos; esto lleva a buscar esa satisfacción en la prostitución (y así encadenamos un problema más). La pornografía también desencadena problemas criminales ya que muchas perversiones sexuales son fruto de personas emocionalmente pervertidas que para liberar tensión realizan actos de pederastia, violación, sádicos con adolescentes o prostitutas. Todo esto también lleva al uso de las drogas para poder realizarlos o para engatusar a las víctimas (y así encadenamos un problema más).

Y después de toda esta exposición de pérdida del valor de la persona por sí misma, los organizadores del festival concluyen que… La pornografía es cultura. ¡Las personas somos más que pasiones y deseos sexuales! ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? He aquí la respuesta: el ser humano necesita conocer quién es, de dónde viene, cuál es su misión en esta vida. Necesita conocerse y conocer. Si desconoce su identidad la buscará, y aquí está el problema: ¿dónde la buscará si se olvida de Quien le ha creado? La antropología bíblica presupone claramente la unidad del hombre y entiende la corporeidad como esencial para la identidad personal (Vatican.org). Somos creaturas porque un Creador nos ha creado, entonces, si queremos conocer y vivir el gran don de la sexualidad ya sabemos a quién acudir, y no queramos experimentar por nuestra cuenta pensando que eso no nos hace ningún mal. Así creíamos cuando aquel hilo de nuestra camiseta empezó a deshilacharse sin poner nosotros importancia en ello y, finalmente, nos quedamos en cueros.

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Catoly dice:

    Últimamente estamos viendo crecer este tipo de actos cada vez más, porque eliminado a Dios que es el Amor, el amor humano se confunde hasta aceptar cualquier cosa consentida. Y se confunde la coincidencia de egoísmos con el amor. Y se confundo placer, afecto, o sentimiento con amor. Pero el arte puede emplearse también para aclarar estas ideas, como hace otra valenciana a la que igual conoces, llamada Lucía Garijo, en videos artístico-filosóficos como este:

    El amor Cristiano está basado en la norma personalista, pues -nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos (Juan 15, 13)-. El amor de verdad busca el bien de la otra persona, y se opone a su uso para lograr fines propios (como el placer, la seguridad afectiva, o un remedio a la soledad), aun cuando estos fines sean comunes y aceptados por ambas partes. La persona no puede ser nunca un medio sino que es el fin del amor. El placer, los afectos, e incluso los sentimientos no constituyen por si solos el amor, sino que proveen de material subjetivo y de una motivación para su construcción. Pero el amor pasa al final por la voluntad, que debe afirmar el valor objetivo que supone la otra persona por el simple hecho de ser quien es. Fundamentar el amor en el placer, los afectos, o los sentimientos no es más que una deformación egoísta del amor, que busca sentir (placer, afecto, o sentimientos) sobre todo, y que da lugar a que el “amor” se termine en cuanto por algún motivo fallan. En este caso la otra persona no era un fin en si misma, sino que el fin era ese placer, afecto, o sentimiento que esa otra persona (como medio) provocaba en mi. Por lo tanto no se puede hablar de amor, sino de egoísmo.

    Y aunque todo esto no hay que tomárselo como un juego, porque daña seriamente a la persona, tampoco hay que creer erróneamente que no tenemos solución: Dios siempre la da. Si uno se arrepiente, Dios le perdona. Y lo hace de forma concreta y palpable a través del Sacramento de la Reconciliación. Allí Dios dice: -¿Quién te condena? Ella respondió: Nadie, Señor. Jesús le dijo: Tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no peques más (Juan 8, 11)-. Jesús perdonó los pecados de muchas personas que estaban arrepentidas de su actitud, adúlteros y asesinos incluidos.¡Porque su misericordia es eterna! ¡Y porque Ama con locura! Así, pues… ¡Vivir de otra forma es posible! Y nada mejor que nuestro testimonio para mostrarlo al mundo.

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    1. ¡Buenas, Catoly! Una amiga psicóloga me pasó el vídeo que has compartido aquí. ¡Así es! Gracias por los matices y por infundir ánimo ante tantos hechos que nos pueden llevar a la desesperanza. Yo me pregunto, ¿qué amor quieren estas personas? O mejor, ¿anhelan un amor personal y que dure gracias al motor del sacrificio que es garantía de darse al otro? En su interior debe de haber un grito ahogado que ellos mismos quisieran dar a conocer pero se han confundido y pierden el norte… Y me viene a la mente ahora las palabras de San Josemaría en Surco (187):
      “¡Qué compasión te inspiran!… Querrías gritarles que están perdiendo el tiempo… ¿Por qué son tan ciegos, y no perciben lo que tú —miserable— has visto? ¿Por qué no han de preferir lo mejor? —Reza, mortifícate, y luego —¡tienes obligación!— despiértales uno a uno, explicándoles —también uno a uno— que, lo mismo que tú, pueden encontrar un camino divino, sin abandonar el lugar que ocupan en la sociedad”.

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  2. M.M. de Jesús dice:

    Rezar y rezar y rezar. Dios mío ten misericordia.
    Un abrazo

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    1. Amen! Cuánta razón, y como San Josemaría, rezar, mortificarse y luego hablar. ¡Qué poco hago esto! ¡Muchas gracias por recordármelo, M.M. de Jesús! (te escribí un correo).

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