“Somewhere only we know”

Qué triste. Sólo cuando se acercan fechas señaladas me acuerdo de ti. ¡Benditas fechas! Para a los que nos cuesta recordar cuando no se ha conocido son una salvación, nos llevan al pasado y nos decuelven al presente. Y, quizás, nos hagan mirar al futuro con otros ojos, más agradecidos o más conscientes de nuestra vida. Quisiera tenerte más presente. Quiero tenerte presente. Septiembre y noviembre están guardados en mi corazón, dos meses en los que de verdad tu recuerdo viene a mí aun sin haberte conocido. Una fotografía te trae a mi mirada. De pequeña lo hacía un muñeco que se parecía a ti en aquella fotografía.

Vienen pensamientos y tal cual vienen se van. Son pensamientos que traen historias que nunca se darán, que podrían haberse dado o que me hubiera gustado poder vivir contigo. De nada vale soltar la imaginación cuando la realidad es otra a la que pensamos. Pero incluso en eso, me gusta pensarte. Hay otro chico de tu misma edad, nacido el mismo día que tú, en el mismo año, que te hace presente en mi vida cuando yo no logro hacerlo por propia voluntad. Creo que le he cogido cariño sólo por eso, ya que ese chico de la realeza inglesa ha tenido serios problemas. Me alegra saber de él porque te trae a mi memoria. De alguna forma me siento unida a él. Pensarás que son bobadas, cursilerías e incluso una inmadurez. ¡Siento que sea así!

E igual de tonto te parecerá que esté dejando estas palabras escritas a ojos de extraños. Sinceramente, me es indiferente. Una parte de mí quiere dejar público este raro sentimiento de pertenencia a alguien que no se ha visto ni conocido. Porque es posible estar unidos espiritualmente, porque no sólo somos carne y personas que se mueven por lo material y se dejan llevar por lo superficial. ¡Somos más que eso! Esa pertenencia quizás sea o se dé por ser mi hermano. Los lazos de sangre son fuertes y sólo por pertenecer a la misma familia hay una responsabilidad extra que nos hace estar los unos para los otros. Sí, debe de ser esto lo que me une a ti sin haberte conocido.

Hace apenas una semana en una charla conocí a una madre de futura familia numerosa que me comentaba cómo hacía presente a un hijo fallecido al resto de sus hijos. Lo hacía de la forma más natural y cercana posible. Lo hacía. Primero me quedé con eso: el querer hacer presente a un hijo fallecido, a un ser querido que ya no va a estar con ellos. Pienso que es de personas con un gran corazón, con gran visión sobrenatural y con gran amor. ¡No es fácil beberse las lágrimas y sonreír al mismo tiempo! Imaginaba a esta mamá rodeada de su hijos hablando del hijo fallecido como uno más, presente en ese corrito a la hora de contar un cuento. Ella me contaba que les decía a sus hijos “tenéis que portaros bien que Juan os está esperando para cuando vayáis al Cielo”. Y muchas otras cosas más que al resto de sus hijos les hacía tener a su hermanito en sus corazones y quererle desde la distancia con esos pequeños grandes detalles de nombrarle e incluso aventurarse a decír cómo le gustarían los helados a Juan, de qué equipo sería o a qué jugaría con sus amigos.

En mi caso mi madre nos decía que cada vez que nos preguntaran cuántos hermanos éramos, respondiésemos: Somos cinco. Y que si alguien me decía qué lugar ocupaba yo, respondiera: soy la quinta. Porque nació y vivió, poco , pero vivió. Y aunque sólo hubiese nacido, también es persona y con una dignidad. Un nombre. Un recuerdo. Esto daba pie, si esa persona sabía de nuestra familia, a extrañarse y preguntar por el que faltaba y, así, empezar a hablar de alguien que no se ha conocido. Al principio me resultaba molesto porque ¡qué iba a contar!, ¿cómo reaccionaría?, ¿cuánto duraría esa conversación? El dolor sólo se alivia con amor. Hacer presente evita el añorar y el tener que estar viviendo en el pasado. ¡Cuánto dolor llevado sin amor! Y cuánta necesidad de vivir con naturalidad los momentos difíciles, ya sean muertes como enfermedades. Antes me daba reparo decir que soy la quinta, incluso hoy me cuesta decirlo, o que somos cinco hermanos; pero por él, José Manuel, lo digo, ¡lo vivo, lo hago presente!

Somewhere only we know, allí, aquí.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Aunque soy muy joven, en mi caso soy el primero de siete hermanos. Y la tercera, Esperanza, también nació al Padre casi directamente. Y digo nació porque los primeros cristianos llamaban al día de la muerte “dies natalis”, que significa el día del nacimiento, pues nuestra Fe nos dice que la vida plena en el Amor empieza en la muerte.

    Estoy seguro que tu hermano habrá leído esta preciosa carta desde el cielo.

    Gracias por recordarme algo tan importante.
    La paz. Mensajero.

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    1. ¡Mensajero! Me sacaste una sonrisa con tus breves pero cercanas palabras. Gracias, otra vez, por pasarte por aquí, leerme y dejar tu huella. Me encantó el día en que conocí el significado del “dies natalis”, es para tener más esperanza y paz interior.
      ¡Un abrazo virtual! Y me alegra que tengas una familia tan numerosa, cuánta aventura junta.

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