Bajo esa capa

Bajo la capa se esconde quien realmente eres. Tú. ¿Por qué esconder el rostro, tu rostro? No hay un encuentro sin un rostro, sin una referencia a donde mirar. El rostro nos hace ser reconocidos. Tu rostro me ayuda a reconocerte allí donde te vea. ¿Por qué, entonces, no querer ser reconocido?

Quizás es la presión de la sociedad. Quizás sea la gente de tu alrededor e incluso tu familia. Quizás te hayan dicho que necesitas un toque, una capa que cubra eso que parece feo. Y no lo entiendo. Esa capa no tiene derecho a despreciarte, a cubrirte y a decirte que la necesitas. Me cuesta aceptarlo porque todo se ha ido de las manos. Te han hecho creer, te han creado una necesidad, te han incitado a su consumo diario. ¿Para qué? Para alcanzar un grado de belleza que por ti misma no puedes ni podías lograr. Vale, la imagen es poderosa pero es superficial. Adéntrate en quien tiene esa imagen y descubrirás la auténtica belleza. Que sea superficial no indica que sea de poco valor sino que está incompleta sin esa mirada profunda. Y más superficial será si te empeñas en cubrirla con esa dichosa capa.

Quiero ver la expresión de tus ojos, la genuina, y esas líneas que se te marcan al sonreír. Quiero saber si hoy has pasado buena noche o te has hecho daño sin querer. Quiero conocer el color de tus labios para saber si estás bien de salud. Quiero reconocer esas pecas o lunares que te hacen diferente, ser tú. Quiero que tu rostro me hable. ¿Tú, no? Me incomoda un rostro sin alma, una mirada perdida entre coloridas líneas gruesas o finas, una piel que no es piel. Me entristece verte porque no te puedo mirar. Y quiero conocerte. Sé que quizás pienses que esa capa es aceptable (y necesaria) para eventos especiales, ocasiones puntuales o entrevistas de trabajo. Sé que quizás pienses que esa capa te da un aire diferente, y sí, lo hace, te hace diferente pero sin ser tú. Sé que quizás pienses que exagero, que no tengo ni idea de lo que hablo, que si yo no me pongo esa capa no tengo derecho a decirte nada, y quizás pienses que tienes razón. No quiero que esa capa borre tu rostro, no quiero que esa capa te haga olvidar quién eres, no quiero que esa capa te impida ver ni sentir. No quiero que esa capa te esclavice a cánones de belleza que no tienes porqué alcanzar.

¿Qué pasa si no los alcanzas? Yo te quiero a ti. Todo el mundo te quiere a ti. Sin capas. Sin filtros. Sin nada que se interponga a un encuentro de rostros: el tuyo y el mío, y el de quien tenga la dicha de tenerte delante. Y hoy ya todo te ha consumido tanto que te vistes con esa capa a diario. Ya no sé cuántas veces te has reído, cuántas noches no has dormido ni si has comido helado de chocolate antes de verme. Me da miedo perderte por una simple pero gruesa capa. Un capa llena de superficialidad. Una capa que no hace más que dañarte, separarte de la realidad y hacerte olvidar tu belleza original, esa que se te regaló nada más venir al mundo. Me da pena que muchos, al verte, piensen que no eres real, que pareces de plástico; y que otros muchos te digan que esa capa tiene efecto natural y esos colores pastel te quedan de maravilla. No entiendo que esa capa se lleve todas las atenciones y comentarios y no tu forma de ser, de actuar, tus palabras o acciones. ¿Ves lo que conlleva esconder tu rostro?

Me gustaría que un día lloviera a mares, que tú llevaras esa capa puesta y te decidieras a salir a la calle para mojarte y para dejar hacer que cada gota se deslizara por tu cara y arrastrara con ella toda superficialidad. Me gustaría acompañarte ese día para mirarte por primera vez y sonreírte. Quiero que tu rostro sea reconocido pero quiero que tú te reconozcas al mirarte. Deja esa capa donde un día te la encontraste: guardada en ese neceser que sólo necesita ser desterrado.

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6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Amanda dice:

    Me encanta, como siempre no me dejas indiferente. Este texto es muy importante y como dice Lukas no se puede describir sin conocerlo, aunque yo creo que lo has descrito a la perfeccion, estamos demasiado acondicionados por la sociedad que nos dice que hemos de estar guap@s y delgad@s, aunque hay que saber llegar al punto de estar seguro de porque haces lo que haces, quiero decir, que por ejemplo si te maquillas esta bien para verte tu bien, para sentirte bien, pero no hacerlo porque cress que asi tapas lo que otros consideran que no es agradable como la belleza, al igual que con el fisico, la gente deberia de pararse a adelgazar y comer sano porque es bueno para la salud no porque se vean gord@s o fe@s. Creo que me explicado :) Muchas gracias por tus entradas Rocio, le hacen a uno recapacitar.

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    1. Muy buenas de nuevo por aquí, Amanda. ¡Gracias por tus palabras y aclaración! Sí, te centras en el maquillaje en sí. Yo, en parte, lo he tomado para hablar también de la careta que muchos se ponen condicionados por los demás, como dices tú. Es bueno que uno sepa porqué hace las cosas y que ese porqué sea bueno para él y los demás. En cuanto al físico, que todo sea en torno a bueno para la salud para no volvernos locos y obcecados en cosas que más bien nos quitan la salud (¡vaya gracia!). El valor de las cosas, eso es de lo que hablo también. ¡Saludos!

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  2. He decidido ser muy breve:

    Respecto al reconocimiento: pides al otro dejarse reconocer. Pero no le suplicas. Hay un pequeño cambio, que es todo un salto cualitativo, entre lo primero y lo segundo.

    Pedirle al otro que se muestre es decirle que se haga amable para ti. En el rostro resplandece la singularidad del otro, por eso amar al otro consiste en mirarle al rostro, por eso Lévinas afirma que no se puede matar a quien se mira a los ojos, por eso el salmo 26 dice aquello de “No me escondas tu Rostro”. Pero pedir al otro que se haga amable para ti es pedirle que te rescate. Amar es algo que se realiza en asimetría, en indigencia. En el texto pides que el otro te muestre su rostro, pero das a entender que es porque es una pena que no lo haga. Sin embargo, no es eso lo que nos ocurre con los demás. Mostrar el rostro es redimir al otro, porque es darle la posibilidad de amar. Falta la súplica por la redención: muéstrame tu rostro porque necesito amarte como eres, porque no te soporto esquivo. Ésa es la súplica del salmo 26: “Tu Rostro busco: ¡no me lo escondas!”.

    El amor es exclusivo y excluyente. Ese es quizá otro punto que no aparece en este (por otro lado) magnífico texto. La súplica de la redención por el amor no se puede realizar en abstracto, a todo el que me lea o me escuche. Pedirle a todos que se te vuelvan amables se parece demasiado a no amar a nadie. La preocupacion “por todos” y la preocupacion “por ninguno” son dos extremos que se tocan. Pero amar es excluir a todos los demás, es señalar al elegido/la elegida como con un valor especial para ti. “Te quiero, porque quiero, a ti, insustituible por otro como tú, por muy idéntico que fuese.”

    El rostro que te salva es la singularidad del que tienes delante. Es el otro, pero no expresado en abstracto: es un otro concreto, con nombre y apellidos. Es una súplica dirigida a una sola persona, o a un grupo muy reducido de ellas. Los que tienen peso. Amar a todos es pegar a todos contra el fondo, es someterlos a una mirada igualadora, en la que, teniendo todos valor, y el mismo valor (aunque se cifre en infinito), todos dejan de tenerlo, porque ya no son insustituibles.

    Es decir: a la bella reflexión puesta ante mis ojos, habría que matizar, sencillamente, que mostrar mi rostro es una doble salvación. Doble, porque, como bien expresas, me salvo yo. Pero también tuya, ya que volverme amable, darte la posibilidad de amarme, te salva a ti.

    Pero esta segunda condicion, la de la salvación de quien recibe la epifanía del rostro, sólo puede darse si la persona que se te muestra lo hace consciente de que dicho acto se le pide a él como persona única e irrepetible, y por tanto es un acto único para ti también. Pedirle al otro que se te muestre, pero no pidiéndoselo con una súplica dirigida a él y sólo a él, es un tanto grotesco. El amor es una cuestión de carne, es un concreto. El otro tiene que ser “un otro”, alguien concreto que tiene el poder de hacerte daño si no se te muestra, pues no socorrería tu necesidad.

    Quizá el error ha sido escribir en abstracto. No por nada el amor encuentra mejor expresión en el lenguaje concreto del poema que en los abstractos y desérticos páramos de la filosofía.

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    1. ADVERTENCIA: Después de este comentario, hemos seguido un poco la discusión por Facebook. Dejo aquí mi respuesta después de aquélla.
      A ver, yo cuando escribo no puedo comprehender todo y llegar a condensar todos los posibles matices. Y también parto de los pocos conocimientos que tengo según lo que he vivido y leído. Pero por eso mismo valoro las aportaciones cortas o testimoniales de la gente. Así que Lukas, muchas gracias por hacer siempre unos comentarios tan profundos y pedagógicos.

      He entendido por dónde vas. Quizás eso que dices de pedir y suplicar es lo que te ha hecho “atacarme” en el buen sentido. ¡Si yo lo suplico! No quiero que se dejen llevar por esas superficialidades. Vale que no haya utilizado esa palabra pero creo que el texto lo deja entrever. No paro de decir “quiero…”. Y que sea un amor abstracto… Pero hombre, ¡que no puedo decir nombres! (¿quizás soy avariciosa de la privacidad? No me va eso de dar todo, todito, todo a conocer). Hablo a un tú porque utilizo la segunda persona, me dirijo al tú. Quien quiera que lo lea es como que se lo digo a él personalmente. Vale que es cualquiera pero se encierra en un tú, en ese que en ese mismo momento se para ante la entrada y lo lee. Creo que no hay nada más directo y personal que eso. Hasta yo me siento interpelada cuando me encuentro una entrada escrita así aunque no tenga nada que ver con el autor de esas palabras.
      En un blog no puedo permitirme dirigirme a alguien en concreto a no ser que quiera rendirle homenaje o hacer saber al resto de personas que siento admiración por una persona en concreto. He hablado dos veces de dos personas en el blog pero no he dado su nombre. Sólo lo que dices lo puedo hacer en la vida presente, real. O, en su defecto, escribiendo directamente a esa persona.

      ¡Pero te he entendido! Ya sabes que me va el personalismo, el humanismo en cuanto a centrarme en una persona en concreto. Que me encanta el encuentro, personal, entre un tú y un yo. No me gusta los anonimatos y me gusta profundizar. Creo que con eso del amor abstracto no has acertado conmigo. ¡Bienvenidas sean las críticas!

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  3. Saludos,

    Aunque me recuerda muchísimo a la entrada que pusiste hace algún tiempo, y aunque no estoy seguro del todo, creo que te refieres a lo mismo… Aún así, me parece que en algunos puntos hablas de una fachada mucho mas profunda que la física, de esas mascaras que llevan a diario muchas personas que abarcan incluso a la personalidad de las mismas.

    Y es una pena -pues nada hay oculto que no quede manifiesto, y nada secreto que no venga a ser conocido y descubierto (Lucas 8, 17)-. Así que… ¿Por qué empeñarse en ello? Personalmente creo cada persona es un tesoro por muchísimas razones, entre ellas por lo compleja y bella que es o puede llegar a ser, y por el hecho de que no vas a encontrar otra igual que ella. Es como un tesoro único. ¿Por qué habría que maquillarlo y camuflarlo para que pareciera “igual al resto”? Lo que habría que hacer es cuidarla pero sin que pierda aquello que lo hace único. No se si me explico bien, pero tu ya lo has hecho, así que nada más.

    Gracias por tu reflexión.
    La paz.

    PD: El artículo al que me refería es https://12y3volveraempezar.wordpress.com/2013/02/03/en-clave-femenina/

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    1. Y así es, aunque voy un punto más lejos quizás. Es verdad que me centro en la capa del maquillaje pero es una capa más allá del maquillaje. Es como una máscara ante la vida y ésta, siendo mujer, es mucho más difícil de quitar por ese empeño en que nos maquillemos. Me da pena esta situación, entiendo el maquillaje utilizado para los espectáculos que ahí tanto hombres y mujeres echan mano de él.

      No me gusta nada que la mujer tenga que maquillarse y el hombre no. En el sentido de que quien realmente es natural es el sexo masculino. Reinvindicamos la valía de la mujer pero luego nos cubrimos el rostro. Que por muy bello que resulte no deja de ser antinatural. Prefiero un rostro virgen y sólo tapar aquello que pueda dañar la vista o algo que de verdad sea necesario cubrir. Pero de ahí a que sea diario y se consuma tantos potingues… Quizás piensen que no me van y que es cuestión de gustos. Es cierto, no me van pero no es cuestión de gustos, es cuestión de fondo. ¡Espero explicarme!

      Gracias por tu aportación, ¡feliz verano, Mensajero!

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