África, eres un encanto por descubrir

Hay un tesoro que no está escondido sino que lo han cubierto. El tesoro brilla por sí mismo, no le hace falta aduladores. Por el contrario, si se le apaga la luz no es por su falta de recursos sino porque lo pican y lo explotan de tal forma que pierde fuerza. Nunca deja de brillar, sólo pierde fuerza por no tener quien lo cuide.

Y ese tesoro es África. Nunca he estado aunque no descarto visitar este continente y convivir con su gente. De África escuché y leí que es un regalo por destapar y que tiene mucho que enseñarnos. Y estoy convencida. Conozco gente que ha ido de misión, otra de turismo y recientemente una persona por trabajo. Ésta ha provocado que hoy quiera sacar a relucir estas palabras en forma de pensamiento, sentimiento y admiración.

En forma de pensamiento porque, como he dicho antes, todavía no se me ha presentado la ocasión de pisar tierra africana. Pero esto no me impide pensar en ella y en sus gentes. En toda su cultura y riqueza natural. En sus recursos y saber hacer. Siempre he visto imágenes o leído reportajes sobre África. Una veces reflejaban su cara buena, la auténtica, llena de alegría, humildad, respeto y trabajo; otras, simplemente, se cebaban con la cara mala llena de explotación, abusos y guerrillas. Pensaba en los años del apartheid, en todas esas injusticias que tuvo que soportar su gente; en los años de explotación de la mano de obra de color y en la opresión que sufría toda África viendo que se llevaban sus recursos, conquistaban sus tierras y maltrataban a su gente. Mientras, ella callaba, sólo hacía, una y otra vez sin venirse abajo. Pensaba en las mujeres expuestas al abuso, a complacer de una forma indigna; en todas esas niñas en el punto de mira de los guerilleros para calmar sus ansias; en las adolescentes a las que que se les priva de un futuro profesional y si lo apuras hasta familiar, condenadas a una vida programada, calculada. Pensaba en sus tierras saqueadas por las guerras, por la misma naturaleza y por la explotación sin medida del ser humano; en su cultura peligrando por la globalizacion y los deseos egoístas de los coloniadores; en sus edificaciones tan débiles y fuera del límite del bienestar; en su salud e higiene manchada por falta de recursos y ayudas, porque según dicen, no vale la pena dedicar un dinero a esta gente de color. Pensaba en África y me provocaba un sentimiento reflejado en otros tantos.

África ha despertado un sentimiento en mi corazón que se ha desbordado manifestando otros. Es imposible no verse afectado por el brillo de los ojos de su gente, por los ritmos de su música, por los colores vivos de sus vestidos y por el destello de luz del sol sobre sus tierras. Pensaba en África y sentía su cercanía. Si hay un lugar en el mundo donde las personas todavía conservan ese punto de ingeniudad, humildad e inocencia es este continente. Siempre y cuando no vengan otros a arrebatarles su personalidad, ese carácter tan marcado y lleno de tantas cosas buenas. Sentía amor a primera vista, cercanía de corazones, anhelo de pureza como la suya. Sentía sentimientos encontrados por tanta dureza de vida, por tanta injusticia alrededor, por tanto dolor en cada una de las vidas de sus gentes. Tristeza al ver que no había esperanza cuando miraban en su entorno, no se reflejaba amor entre sus gobernantes y sus gentes, no se respiraba libertad de expresión y vivencia de fe. Amargura en el alma por comprobar, una vez más, que hay hoy muchas vidas que no las dejan vivir, que no permiten que realicen su misión, que no ayudan a brillar para que África no pierda su brillo. Dolor en el corazón tras conocer su historia, por cada uno de los acontecimientos oscuros que se dan lugar entre sus tierras y gente; dolor en forma de rabia por saber que no hay ayudas externas cuando África lleva años lanzando un grito silencioso a través de sus ojos. Sentía esos ojos llenos de una profundidad sin igual y me admiraron.

África no deja indiferente. O te llena o te vacía. A mí me llena de admiración a pesar de esos pensamientos que rondan en mi cabeza y de esos sentimientos que acoge mi corazón. La balanza sale en favor de la admiración pues entre razón y corazón el punto medio se encuentra en la admiración. Y más que punto medio, es la consecuencia de la fusión de aquéllos. O te llena (da vida) o te vacía (llena de tristeza). Y cuando llena te provoca admiración porque visto lo visto, África tiene vida, tiene gente, tiene cultura, tiene naturaleza, tiene pasado, presente y futuro. Me admira su espíritu luchador, su entrega incondicional, su humildad en sus gestos, palabras y acciones. Sus bailes llenos de frescura, alegría y respeto. Su fe profunda, auténtica y profesada de una forma natural. Cuando una persona o un país provoca en nosotros admiración es porque sobresale de lo que estamos acostumbrados a ver. África seguirá admirando a muchos por su encanto, por sus raíces que no se han perdido, por esa forma de vivir tan propia y llena de esperanza pase lo que pase. Porque África es virgen pero la hemos prostituido. Esto es, quizás, lo que marca la diferencia. Hemos visto por cuánto ha pasado y pasa actualmente pero todavía hoy, su gente tiene una mirada diferente, un brillo único y una humildad envidiable y esto siempre, pase lo que pase.

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