El legado que dejamos

Cuando las personas dejan esta tierra, sea la época que sea, lo hacen dejando un legado personal, histórico, social, tecnológico o intelectual… Y un largo etcétera según a qué se hayan dedicado en la vida.

Después del fallecimiento de Adolfo Suárez, leyendo artículos sobre su historia, uno se da cuenta de que no importa mucho lo material, es decir, qué títulos poseía, cuántos millones tenía en su cuenta bancaria, qué inventó o hizo en servicio de otros. Sino más bien, uno se queda con su persona, quién fue y cómo se comportó para con los demás.

Entonces uno se pregunta si hace falta conseguir lo que la sociedad nos empuja e insta a apoderar: lujos, dinero, reputación, estudios. Muchas personas han llegado más y mejor al pueblo llano no por lo que tenían, sino por lo que eran. No necesitaron hablar mil idiomas y haber cursado tres o cuatro carreras. Con educación, respeto y amor por las personas, se hicieron un hueco en sus vidas. Y hoy, aquéllas les recuerdan con una alegría y satisfacción interior.

No podemos movernos por lo que la sociedad dicte que está de moda. Menos aún, no hacer caso a nuestras capacidades por ver que no tendríamos futuro profesional desarrollándalas.

Uno piensa en todas esas personas (con nombres y apellidos) que, sin haber hecho uso de lo que disfrutamos hoy en día, han vivido una vida plena, siendo guías para muchos y consiguiendo ideales… ¿Qué les bastó? Les bastó creer en sí mismos, creer que había una posibilidad, creer que se podía, creer que encontrarían el camino. Les bastó creer.

Además, esas personas no descuidaron su parte más humana. Tampoco olvidaron que el mundo está formado por personas, y lo que da sentido a una vida es la relación con un otro; ya sea en una relación de amistad, de trabajo, de amor o de familia.

El legado que dejamos lo vamos contruyendo día a día. No hay que esperar hasta el final de nuestra vida para hacerlo patente y llenarlo de valor.

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Un día más te pasas por aquí. Muchas gracias por tu aportación pues esa frase resume lo que venía yo escribiendo. Todo pasa deprisa pero también somos nosotros los que hacemos de la rutina una carrera a doscientos por hora.
    Preferiría que ese tipo de preguntas las hicieras enviándome un correo electrónico (lo tienes debajo del título de este blog). Aunque no tengo ningún inconveniente en decirte que soy de corazón.

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    1. Disculpa. no me di cuenta de que tuvieses el correo. Ha sido una imprudencia.

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      1. No pasa nada; para la próxima ya lo sabes. Gracias por tomarte la molestia en seguir y comentar en este blog.

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  2. “Uno muere como vive”, así que mejor no esperar al final para hacer algo digno, para no haber vivido sin sentido.

    Una pregunta ¿eres de la Obra?

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