“Dust in the wind”

Quizás el título ya os lo dice todo. Puede ser pero no está todo dicho. Recalar en esa canción ha sido por el inicio de la Cuaresma hoy, miércoles de Ceniza.

Es irremediable pensar que los católicos necesitemos de tiempos concretos para volver a caminar, para empezar de cero o para tomarnos nuestra vida en serio, una vez más. No es una excusa, es una necesidad. Y, también, un gran alivio.

¿Qué te hace pensar que no sea una necesidad? Mírate. Míranos. Estamos hechos de barro. Y, parafraseando una definición de barro, no valemos por nosotros solos, ya que en realidad el barro es tierra; para que una pieza tenga un valor depende del ceramista que la elabore. Necesidad de una voz que nos hable, de una mano que nos lleve por el buen camino, de unos ojos que nos miren y percibamos en ellos el reflejo de cómo somos realmente.

Además, decía, es un alivio. ¿Qué sientes cuando, en el palo de tu Magnum, lees que te ha tocado otro? Aquí sucede un tanto de lo mismo. Llega el miércoles de Ceniza con un letrero en el que puedes leer “40 días de prórroga”. Para todos y sin intereses, sólo hace falta buena disposición y constancia. Y la humildad del barro, dejarse moldear en manos de quien sabemos es el mejor.

La ceniza en la frente no es para recordar al mundo que soy católico y dejar que eso sea lo único que deje a la vista. La ceniza la recibe uno, personalmente, y de él depende el significado y la trascendencia de ese gesto. Que se haya dejado el rastro de ceniza en la frente no tiene más significado que el de dar la cara. Enfrentarse (en el buen sentido) con el mundo y sus pasiones, intereses, egos; y con uno mismo y nuestras torpezas, faltas, egoísmos. Un simple gesto que abre un sinfín de trascendencia. A partir de ahí, la vida cobra otro rumbo y el día a día otra perspectiva.

Una marca en forma de cruz o, simplemente, un punto negro. El percatarse de aquélla nos hace pararnos, fijarnos en ella y ver cómo podemos borrarla. Así es la vida, marcada por cruces o puntos negros que no nos hacen seguir con paz nuestro camino. Pero al igual que la ceniza que recibimos hoy, es sólo un recordatorio. Lo que recibimos en la vida son recordatorios para mirar hacia arriba y pedir ayuda a nuestro moldeador. Algunas veces recordamos más unos que otros, pero están hechos de la misma pasta y al fin y al cabo se borran con la misma técnica.

Pero no nos desviemos de la alegría que conlleva este tiempo. Contamos con cuarenta días por delante para empezar a caminar con zapatos nuevos. Qué bien se siente el suelo cuando calzamos adecuadamente. Lo mismo con la Cuaresma: qué bien nos va la vida cuando la vivimos adecuadamente. Y este tiempo, nos viene a recordar cómo.

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