Summa cum laude

De muchos es sabido que poseer el dominio de diferentes idiomas abre puertas profesionales y horizontes nuevos. Algunos estudios destacan el inglés y el alemán como los idiomas más importantes y demandados, y el chino como el del futuro.

Hasta hace unos días lo tenía claro. Aunque llegó y se hizo presente otro. Lo llaman la “lengua muerta” pero es una paradoja porque últimamente está más viva que nunca. Hasta uno se llega a comunicar mejor (eso sí, con pocas palabras) con el de al lado. Tiene años de historia y ha servido de ayuda para miles de personas. Hoy es (y siempre) lengua oficial de la Iglesia Católica.

Por guiones académicos no pude estudiarla, aunque gracias a una de mis hermanas, fui familiarizándome con ella en la preadolescencia. Años más tarde tuve el privilegio y gusto de tratarla, de compartir actos y momentos a través de ella, de comunicarme con ella y de estudiarla.

Quizás porque vivimos en un país de lenguas románicas, nos es fácil desenvolvernos y preveer su significado aunque muchas veces sea superficial y contextualmente. Siento una cierta pasión por ella. Tiene melodía, ritmo y belleza. Escuchando palabras de esta llamada “lengua muerta” uno se siente como en casa, por muchos kilómetros que le separen de ella y de sus seres queridos.

Nuestro lenguaje está lleno de guiños latinos y hasta llegan títulos en latín a la gran pantalla. Grupos de música, obras de arte, piezas musicales, novelas y otros escritos, han caído rendidos a sus encantos y llevan palabras latinas en su nombre. Las personas siguen unidas al latín. Tiene un atractivo por sí mismo que por mucho que lo tilden de “lengua muerta” y pasen los años, nunca más volverá a llamarse como tal mientras la Iglesia Católica siga en pie. Y como Dios es el que la pilota y habita en ella y además es eterno…

Hay expresiones latinas que no se aprecian del mismo modo si se traducen a la lengua nativa del lector. El impacto, tanto léxico como armónico, cambia por completo y, entonces, pierde ritmo y belleza. Esas mismas expresiones no se podrían haber dicho mejor en otro idioma. A veces nos empeñamos en bucar su equivalente en nuestro léxico, pero es imposible hallar una expresión idéntica, nos acercamos pero nunca damos con ella.

El latín es el punto de inicio. Es quien da la clave del significado de una palabra. Si no que se lo digan a la Etimología, ciencia que estudia el origen de las palabras. ¡Cuánto saber se esconde en el latín!
Me vienen a la memoria tantos ratos en el coche con mi padre escuchando en la radio un programa llamado “La tertulia”. Él, cada vez, me explicaba el significado de la palabra “tertulia” y empezaba con aquello tan característico suyo “etimológicamente…”. Él me contagió su pasión por el saber y por conocer.

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