Pongamos que hablo de…

Es obvio. Una fecha tan señalada. Diciembre. Un día resaltado en el calendario de tantas personas. En el mío también.

Pongamos que hablo de la Navidad y que, por un momento, el blanco de la hoja me infunda respeto. Y que, al mismo tiempo, me recuerde que con la Navidad partimos de cero. Empezando a caminar de nuevo. Escribiendo una inédita historia de la mano de un personaje como ninguno.

Pongamos que hablo de la Navidad y que, desde un punto geográfico diferente, el canto de villancicos, la puesta a punto del árbol, la sencillez del Portal de Belén, me recuerden que con la Navidad todo lo externo se mantiene intacto. Que lo único que cambia es la disposición interna de uno mismo.

Pongamos que hablo de la Navidad y que, entre personas de distinta cultura , la acogida, los pequeños detalles, los inesperados regalos de amor, me recuerden que la Navidad es siempre un regalo en nuestras vidas. Un día donde se recibe tanto sin merecerlo uno a primera vista.

Pongamos que hablo de la Navidad y que, escribiendo felicitaciones navideñas, las palabras allí desbordadas, el mensaje de paz, alegría, esperanza, el pensar en la persona destinataria, me recuerden que la Navidad es un anuncio de una buena nueva. Un anuncio que cambia nuestra forma de mirar la vida, de escuchar y tratar a las personas.

Pongamos que hablo de la Navidad y que, recibiendo y besando al Niño Dios en la Misa del Gallo, el contacto con la Hostia consagrada, la dulzura de la mirada del Niño, el latir del corazón en la cola de la Comunión, me recuerde que la Navidad es dentro de uno. Y que es punto de partida para acoger de nuevo, reemprender el camino o empezar de cero en el trato personal con una persona: Jesús.

Pongamos que hablo de la Navidad y que, escribiendo esta nueva entrada el veinticinco de diciembre, la familia que uno tiene y le sigue allá donde vaya, los amigos que a uno le muestran su amistad sincera, las personas que uno conoce y le regalan momentos inolvidables, me recuerden que la Navidad es encuentro, dádiva, amor, familia. 

¡Feliz Navidad!

La Navidad es la celebración de la presencia de Dios que viene a estar entre nosotros para salvarnos. ¡El nacimiento de Jesús no es un cuento! Es una historia real, que sucedió en Belén hace dos mil años. La fe nos hace reconocer en ese Niño, nacido de la Virgen María, al verdadero Hijo de Dios, que por nosotros se hizo hombre. Y es en el rostro del pequeño Jesús que contemplamos el rostro de Dios, que no se revela en la fuerza o en el poder, sino en la debilidad y fragilidad de un recién nacido. Así es nuestro Dios; se acerca mucho, en un niño”. [Papa Francisco]

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