“Si hay que ir, se va”

Hay diferentes puntos de vista y opiniones sobre la fuga de cerebros nacionales a países extranjeros.

Aquí voy a dejar escrito una serie de informaciones que muchos pasan por alto y es entonces cuando se crean malentendidos.

Hay millones de personas en cada país. Cada persona con un perfil profesional diferente. ¿Se asegura un trabajo para ella? Según cómo esté de desarrollado y las necesidades del país habrá un porcentaje diferente de tipos de trabajo.

Hay, hoy en día, una cultura diferente a la de hace cincuenta años. Hoy estamos abiertos al cambio. Antes se exiliaba a la gente o ésta se marchaba de su propio país por la situación de guerra o epidemia. ¿Sólo se marcha del país quien sufre esto? Hay muchas otras y buenas razones por las que muchos optan abrirse camino en otros lugares (y no digo abandonar porque es una palabra que denota sentimiento de rechazo).

Hay una situación económica difícil y los trabajos que se ofrecen no son los que en un principio se han pensado realizar. Los que están de acuerdo con pasar un año en un trabajo no acorde a su perfil, se quedan. Los que prefieren buscar su perfil en otros trabajos en el extranjero, se marchan. Así de sencillo es. Luego, claro está, hay matices (familia, obligaciones, preparación, idioma…) que hacen que uno no dé el paso y permanezca con todas las de la ley (no hay nada malo en ello). Alguien ha de quedarse a levantar el país.

Esto de levantar el país me ha recordado la primera adversidad que se encuentran muchos a la hora de decidir seguir creciendo personal y profesionalmente en otro país al propio. Muchos echan en cara que no se haga frente a la situación de España y no permanezcan para mejorarla. Aunque también es cierto que es muy fácil hablar en general y no mirar a los cargos políticos y no políticos que no han sabido gestionar bien lo que se llevaban entre manos: el futuro de todos los españoles.

Hay una cara de la moneda que pocos quieren ver o todavía no han descubierto. Hay quienes quieren, simplemente, salir a conocer, a ampliar sus conocimientos y experiencias, a vivir contrastes, a conocerse y conocer a las diferentes personas que habitan en el mismo planeta. Pensar que mientras uno está en el lugar A otros tantos en el lugar B, C, D… Justamente en el mismo momento aunque en usos horarios diferentes.

Al ser humano no se le puede privar abrirse a los demás, al conocimiento y al contacto con otras culturas. Lo necesita como el respirar. Como tampoco se le puede obligar a permanecer en el mismo sitio sin posibilidad de crecer. Qué más da que tú seas español, aquel australiano y el de más allá argentino. Si el español trabaja en Canadá, el australiano en París y el brasileño en Tombuctú. Lo importante es respetar, trabajar honradamente y arrimar el hombro en todo momento, sea donde sea. Todos vivimos en un mismo planeta, un lugar llamado Mundo.

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