Los amateurs de Tahití

Estas dos últimas semanas se está celebrando la Copa FIFA Confederaciones en Brasil. En esta nueva edición (la novena) hay una selección que se está llevando todo la atención, no es la española que, por cierto, esta madrugada juega la final contra la canarinha. El centro de miras dirigido a esa selección no es por su juego ni por sus galácticos jugadores, sino por lo que son y representan.

Hablo de la selección de Tahití. Sin haberlo pretendido se han encontrado eclipsando a jugadores de la talla de Iniesta, Villa, Casillas y otros tantos. Quizás sean el ejemplo vivo de lo que en su día fue la idea genuina de todo deporte: parte de la vida de una persona, un hobby o dedicación a media jornada.

Para los que no saben nada acerca de esta gran selección decir que ha sido campeona de Oceanía a pesar de ser el equipo más débil en la copa actual. Entre las 23 fichas de sus jugadores podemos encontrar a ocho parados “que no tienen trabajo en estos momentos” (palabras textuales de un artículo, entonces ¿el fútbol no es un trabajo?).  La selección de Tahití con su presencia está haciendo un llamamiento a los orígenes del fútbol, a olvidarse del negocio y de las cifras millonarias que mueven… Ellos han venido a jugar, a convivir con otros jugadores del mundo y a hacer ver que un amateur puede llegar donde se proponga. Ganas no le faltarán porque se mueve por el deporte, por el equipo, por retos colectivos, por el país o localidad.

Representamos a 250 millones de personas que viven el fútbol como nosotros, desde el amateurismo”. Seleccionador

El jugador de la selección española, Gerard Piqué, dijo que era fan de esta selección. Sólo había que verlos celebrando el único gol que han conseguido anotar en los partidos que ha jugado… ¡Como campeones! Y no era para menos, llegar hasta una copa de tal calibre sin apenas recursos económicos, se vislumbraba poco probable. Ahí queda el dato para la historia del torneo: Tahití participó en el 2013 aun habiendo recibo también goleadas históricas.

Admiro la humildad de cada jugador y el gesto simpático y cálido que tuvieron con la afición anfitriona. Al finalizar su participación en el torneo, sacaron una pancarta con las palabras “obrigado Brasil” y la mostraron orgullosos y alegres. Hay que decir que esa pancarta estaba hecha a mano. A su vez, varios jugadores ondeaban cada uno la bandera brasileña con gran entusiasmo.

Sólo puedo acabar con una frase que oí en un debate hace unos días: “aprender a ganar pero sobre todo a perder”.

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