La quinta avenida

Después de cinco días intensos de Fallas, de idas y venidas de turistas, valencianos y falleros, vuelve la normalidad. Unos echan de menos el alboroto vivido, otros dan gracias por volver a sus quehaceres sin sobresaltos por los continuos petardos.

Pero no todos se han dado cuenta que la normalidad ha estado presente durante toda la semana gracias a unas personas que han dedicado su tiempo a devolver la belleza a las calles de Valencia. Ha sido de buena mañana o bien entrada la madrugada. Ahí han estado ellas, enfrentándose a una pesada, cansada y dura tarea. Han tenido que luchar contra calles llenas de botellas, plásticos, cartones dispuestos en montones o desperdigados por las aceras y calzadas.

Por cada bolsa de basura llena y anudada, a cada uno le vendría a la mente el porqué de todo eso que iba encontrando a su paso. El porqué somos tan descuidados en pequeños detalles como recoger después de usar, tirar a la basura después de acabar con algo, limpiar después de ensuciar… A la vez llegarían a la conclusión que las personas somos más dadas a exigir a otros que mover ficha cada uno. Unos manchamos y contamos con que otros limpien. Que estamos para pedir y no dar. Para decir y no hacer. Que pedimos con y sin derecho. Decimos con y sin razón.

Y ahí estaban, después de cada acto, silenciosas, esas personas. Salían de la nada, se multiplicaban, estaban a lo suyo.  No habían pedido ese castigo, sólo querían trabajar, sacar su vida adelante, hacer esa labor infravalorada para servir, para el bien común: yo limpio y tú disfrutas del servicio que he prestado. Es un castigo cuando ese trabajo es mucho más de lo que se pide que se realice, cuando se emplean más horas de las debidas, cuando no se agradece el esfuerzo realizado, cuando no se respeta y cuida el servicio prestado. Una imagen como la que deja una noche fallera valenciana habla por sí sola y refleja perfectamente lo afortunados que somos por contar con personas que voluntariamente quieran cambiar la cara a esa pobre imagen de la ciudad.

Y desde aquí un pequeño homenaje a todas esas personas, no ya sólo del servicio de limpieza de Valencia, sino a cada persona que durante estos días se preocupó de devolver la belleza a nuestras calles con un simple pero gran gesto como es el de servir. Me llevo dos imágenes bonitas: una, la de las nueve de la mañana, con el sol resplandeciente y las calles recién duchadas con destellos de alegría; otra, la de un barrendero al que no le importa si son las siete de la mañana como las doce de la noche, él siempre con una alegría desbordante y una canción valenciana silbada que acompañan cada barrida realizada.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Anónimo dice:

    10!!!!

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    1. rms dice:

      Totalmente de acuerdo, un 10 para todos ellos. Saludos “anónimo”.

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