Un continuo hacer y deshacer

Somos animales de costumbres. Por más que nos empeñemos, siempre haremos una y otra vez las mismas cosas y del mismo modo, hasta conocer algo nuevo y volver a automatizarlo. Leía el domingo un artículo de Carmen Posadas en la revista XL Semanal que llevaba por título “Bendita rutina” y me sugirió este tema.

De pequeña me costaba entender porqué había que esmerarse cada día en dejar las cosas ordenas y limpias en vez de esperar al final de la semana a hacer orden y limpieza porque total, pensaba, era lo mismo. Una voz adulta y con años de experiencia, mi madre, me decía que si uno se preocupa por mantener el orden y limpieza en su vida, haría más agradable la de los demás.

Y en eso estamos, cada mañana despertamos, apagamos el despertador para volver a ponerlo al día siguiente y despertar de nuevo. Vamos a la cocina a desayunar o comer, utilizamos los cubiertos, platos y demás utensilios para prepararnos un buen manjar y después, como si nada hubiera pasado en esas cuatro paredes, salvo una buena fregada y recogida, todo vuelve a la normalidad, todo está en su sitio y, además, limpio. Esto en cuanto al ámbito personal de cada uno, donde existen miles y miles de acciones automatizadas que nos sirven para centrar la mente, guiar nuestros pasos y hacer algo de provecho.  Aun así, esas pequeñas acciones repercuten en las acciones de las personas que vienen detrás. ¿Te has preguntado por qué? Sigue leyendo…

Ay del día en que no suene el despertador y no podamos llevar a algún hijo al colegio o no lleguemos a la entrevista de trabajo o no acudamos a un acto importante de algún amigo. Si no ponemos la cabeza en las cosas que realizamos diariamente, nada de eso tendrá sentido. Detrás de cada pequeña acción hay una parte del mecanismo que mueve nuestra bendita rutina que da sentido al estilo de vida que queramos llevar.

Quizás muchos de vosotros desconozcáis la técnica de stop motion, pienso que es una bonita y original forma de representar esto último. En stop motion se necesitan 24 fotogramas por segundo para conseguir una pequeña acción o movimiento del objeto que se quiere animar. Sin esos 24 fotogramas, aparentemente iguales, no hay lugar para el movimiento. En la vida, sin esas 24 horas llenas de pequeñas acciones, es decir nuestra rutina, no es posible lograr que nos movamos y, al fin y al cabo, que crezcamos.

Porque si no tienes una rutina, un día dirás que para qué hacer gimnasia y otro que para qué ducharte o lavarte la cara; más tarde pensarás que no hay motivo para levantarte de la cama y entonces la vida te habrá vencido del todo.”

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