El Papa de los zapatos rojos

Querido Joseph,

¡Por dónde empezar! Ocho años se pasan volando aunque hayan sido intensos cada uno de ellos. He leído casi todo lo que se ha ido publicando en la prensa sobre ti y sobre el futuro de la Iglesia, hasta las 16 cartas que se propuso y ha cumplido escribirte un tal Marc en su blog. Seguro que este último mes habrás recibido un aluvión de cartas, y supongo también que más de uno habrá sacado la mejor de tus sonrisas y quizás, alguna que otra lágrima de emoción.

Perdona que te tutee, pero necesito hacerlo así ahora, si te tuviera delante ni me atrevería. Se me hace difícil no mostrarte la cercanía que te tengo con el usted por medio. Te vi por primera vez en el EMF (Encuentro Mundial de las Familias) celebrado en Valencia, aquel julio de 2006 (apenas llevabas un año de pontificado). Es costoso expresar una idea que para mí resulta muy clara, en realidad, no es una idea, es una vivencia. Ésta, conllevando un cambio y crecimiento personal. Sí, Joseph, tú calas hondo si el que tienes en frente se deja admirar con tus firmes y sabias palabras.

He crecido para adentro gracias a muchos de tus escritos y a tus encuentros en ese EMF y en la última JMJ (Jornada Mundial de la Juventud) celebrada en Madrid en agosto de 2011. Fueron dos momentos importantes, el primero por conocerte y hacer que “olvidara” al Beato Juan Pablo II por un instante. El segundo, por hacer que cada uno de nosotros, los jóvenes, viésemos y experimentásemos la alegría de vivir una vida plena, de apostar por los valores y amar a los demás, olvidándonos de nosotros mismos, aun los sufrimientos y tristezas que esto conlleve. La recompensa, ya la pude ver allí mismo, en forma de sonrisas, alegría, paz, comprensión, respeto, fortaleza… Hay que vivir una JMJ o encuentro del estilo, para saborear estas palabras.

Quería ser breve, y antes de que te retirases de lo público decirte que has sido como un abuelo para mí, en el sentido más amplio y sano de la palabra. Nadie duda del valor de un abuelo, del cariño que ofrece y que da sin condición. Esto mismo es lo que he visto en ti, sin importar tus ochenta y tantos años, siempre has hecho lo que Dios te ha pedido: darte, estar ahí, a la cabeza de la Iglesia sin hacer caso a gustos personales, apetencias o ganas. Creo que no necesitas dar explicaciones porque tu ejemplo de entrega habla por sí solo. No puedo imaginarme llevando todo lo que has llevado tú, no sólo en positivo, sino en lo contradictorio, comentarios… Has sabido mantenerte firme, me has enseñado sobretodo a caminar hacia adelante con alegría, fe y esperanza, a pesar de tantos pesares.

Apareciste en mi vida de repente, dándole un toque trascendente y valioso, y ahora, otra vez de repente, desapareces, pero lo haces dejando un rastro de luz en el camino de cada uno que nunca hará que nos perdamos en la vida. 

Ya está todo dicho, aunque no hay mejor discurso que un GRACIAS.

* Mensajes, discursos y encíclicas que no tienen desperdicio:

Mensaje en el YOUCAT (Catecismo para jóvenes)

Mensaje a los jóvenes de Gran Bretaña 

Campanas de Europa (palabras del Papa en el reportaje)

Audiencia General de los miércoles (resumen 2013)

Mensaje para la JMJ de Madrid (Jornada Mundial de la Juventud)

Discursos de la JMJ de Madrid

Mensaje para la JMJ de Brasil

Discurso del Papa en el Bundestag o Parlamento alemán 

Mensaje para la Cuaresma de 2013

Mensaje de Fin de Año 2012 

Caritas in veritate (La caridad en la Verdad)

Spe salvi (Salvados en la esperanza)

Deus caritas est (Dios es Amor)

Porta Fidei (La puerta de la Fe)

Libro “Orar” 

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