Dinero a cualquier precio

Penosa, triste y frívola la situación de jóvenes universitarias que recurren a la prostitución. Sí, así de claro. Después de este artículo de la revista Mujer de Hoy y de encontrar más noticias al respecto en los periódicos, debemos pensar en alto.

Nos negamos a decir que aquélla sea una profesión, y parece que las universitarias no opinan lo mismo, además, la defienden con una sonrisa en la cara.

¿Qué es lo que están dispuestas a hacer, hasta perder su dignidad, a cambio de un buen precio? Ah perdón, mejor formular la pregunta de otro modo porque no tenemos claro si conocen el significado de la palabra dignidad. ¿Qué estarán dispuestas a hacer para poder costearse sus estudios universitarios? A saber: regalar su cuerpo, sucumbir a los encantos del dinero fácil, olvidar quiénes son y actuar. Sí, actuar, actuar, y actuar… No pararse a pensar, no hacer caso a la conciencia, no dejar que el titubeo asome.

Sólo falta que todos los que estamos en el paro estuviéramos dispuestos a bajarnos los pantalones. De ninguna manera. Hay otras formas de ganarse la vida, pero claro, supone esfuerzo, paciencia, buenas formas y disposiciones. Habilidades y empeño. Sudor y lágrimas.

Todo este panorama ha surgido cuando no han conseguido una ayuda enseguida, entonces ¿qué?. Bajar a lo más mediocre ha sido la solución. Lo peor de todo es que no saben o niegan que han llegado hasta ese punto, piensan que han subido a un tren, pero lo que no saben es que ese tren les lleva a ninguna parte, a la depresión, a la inseguridad, al descontrol, a la doble vida, a no reconocerse en un futuro próximo y, sobretodo, les lleva a no ser dignas de un cuerpo y alma que se les ha regalado para otro fin.

¿Y hasta cuándo este abandono a sus personas, vidas, gentes y a sus estudios? El artículo de la revista comenta que lo peor de la nueva afición de estas jóvenes es la mentira y la doble vida.

Cuando salgo con mis amigas el fin de semana soy otra. No puedo contárselo a nadie. Tampoco justificar nada, ni siquiera meter el dinero en el banco. Eso sí, no me influye para el estudio. Lo que no me interesa recordar, lo olvido. Soy fría.”

Mantenerse fría lleva un ejercicio y empeño considerables, quizás el trabajo más duro que realicen estas universitarias. Qué dispares, el término universitaria y el de prostituta. Aquél habla de nobleza, educación, afán de servicio, de cultura, de compartir y amar la verdad. Éste no habla de nada, sólo tiene como reflejo y espejo a sí mismo.

Y la misma chica vuelve a opinar, ahora, sobre su experiencia.

No creo que me afecte en un futuro. Al revés, se aprende mucho acerca del trato de las personas. Aprendes a vivir sola. Dependo de mí para todo. Quizás cuando tenga 50 años piense ¿qué he hecho?, pero ahora no tengo esa mentalidad.

La Universidad es uno de los lugares donde se tiene el privilegio de tratar a personas excelentes en su trabajo y admirables en su forma de vivir y ver la vida. Allí, durante tres, cinco u ocho años, se aprende de y con las personas, tanto si son compañeros, profesores como trabajadores. Es en ella donde se cultiva y ejercita la libertad y la voluntad. Uno crece y logra ser independiente habiendo contado siempre con la ayuda de los demás y, entonces, uno se mira dentro de cincuenta años con esperanza.

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